La Polémica Digital

Espacio para debatir sobre Cuba

Archivo para junio 2011

There is (always) hope for tomorrow

con 40 comentarios

Lo esperé todo el día. Revisé el chat de Facebook desde las 7 y 37 de la mañana hasta las 7 y 37 de la noche. A esa hora apareció. Se puso verde. Refresqué la pantalla. Estaba verde aún. “¿Estás ahí?”, le susurré en una especie de tun tun digital. “Sí”, contestó. “Hoy leí algo en Radio Martí y quería hacerte una pregunta. A David Orrio, hace muchos años, le dijeron: ¿Puede un agente de la Seguridad del Estado ser amigo de un disidente?”. Orrio dijo que sí.

“Interesante respuesta”, me contestó. Aguanté la respiración durante los próximos segundos. El chat se quedó en blanco. “¿Te comento algo?”, añadió. No esperó mi respuesta. “Puede suceder. Los puntos de vista políticos pueden estar al margen de las relaciones de afecto. Ser oponentes políticos no nos convierte en enemigos irreconciliables, a pesar de que todos estos años hemos tenido que vivir de esa manera”.

“Nunca sería amigo de un asesino, de un terrorista o de un vendepatria mercenario…”, añadió. Formulé la próxima pregunta sabiendo su respuesta. “¿Y un disidente no es en algún modo un mercenario?”. “Hay disidentes y disidentes”. “O sea, ¿crees que hay disidentes que no son mercenarios sino opositores políticos?”. “Sí, lo creo… son los menos, pero los hay. No olvides que somos dados, de un lado y otro del mar Caribe a ser panfletarios, manipuladores y, sobre todo, a construirnos estereotipos”.

“¿Tienes tiempo para hacerte una anécdota?”. Afuera La Habana llovía en un anticipo de diluvio de las 8 de la noche. Tenía segundos infinitos para leer. “Quizás fui el último periodista que entrevistó a XXXXXXXX, un furibundo enemigo de la Revolución cubana. Desde su micrófono de Radio Mambí atacaba diariamente todo lo que sucedía en Cuba. El día que lo entrevisté en su oficina descubrí que de la pared colgaba un cuadro hermoso de Martí. No pude dejar de preguntarle dónde lo había conseguido. Parco y serio me respondió que se lo había dado un gran amigo. Después de dos horas, me preguntó: ¿te vas con ganas de saber quién fue el gran amigo que me regaló el cuadro de Martí? Le respondí que no, pero que si me lo decía, no me molestaría. Me hizo prometer que no lo repetiría e, inmediatamente, me dijo muy serio: el cuadro me lo regaló mi gran amigo XXXXXXXXXXXXX. Puedes imaginar que caí en shock. Dos hombres encontrados en las batallas políticas de Miami, uno a favor y otro en contra, que públicamente se decían horrores a través de los micrófonos… Muchos años después, hace apenas dos o tres meses encontré a quien le regaló el cuadro en una calle de Miami y le pregunté. Necesitaba saber la verdad absoluta pues solo tenía una versión. Él sonrió y dio como verdadera la historia, pero me dijo más, me dijo que XXXXXXX era un cobarde. Le pedí respeto para alguien que había muerto y me respondió: Fíjate si era cobarde que te dijo que yo era su gran amigo, cuando realmente era mi hermano del alma.

No supe qué decir. No supe qué escribir. Lo había abordado para que validara una respuesta de dudosa reputación desde su condición de ex agente y allí, en un chat perdido de un Facebook que no llegará a Cuba 2025, me revelaba una hermosa historia de amor. “Es una historia de cubanos opuestos el uno al otro, pero que fueron amigos hasta el último minuto. Creo que esta anécdota podría responder tu pregunta original”.

Siguió escribiendo, quizás desbordado por la emoción de recordar una historia de la que fue cómplice. “El día que podamos conciliar como humanos, como hijos de una misma tierra, a pesar de nuestras diferencias políticas… ese día estaremos empezando a pensar en Cuba. Ahora no somos más que entes de barricada, de uno u otro lado…”

Él se puso gris. Yo salí a La Habana real debajo del aguacero. Bautizo de 27 de junio a las nueve de la noche. “Te extraño mucho… a veces”, confesó. Yo también, pensé. “Estaré de vuelta… alguna vez”.

Escrito por Elaine Díaz

junio 28, 2011 a 9:45 am

Escrito en Crónicas

Habana soez

con 69 comentarios

Él se escandaliza cuando lee la palabra coño. C-O-Ñ-O. Lo califica de lenguaje soez e iguala a quienes se atreven a pronunciar la desagradable palabra con la escritora residente en París, aunque se cuida bien de no repetir su nombre, ¿para no contaminarse? Quién sabe. Desde los rezagos de una aristocracia a destiempo se lanza puro y pulcro a repartir decálogos para jóvenes periodistas.

En sus epítetos siempre hay rastros de nobleza, no la nobleza como estado anímico del alma, sino aquella “nobleza” que divide a los hombres en simples mortales y príncipes o sultanes. Adjetivos inacabados y fuera de moda para una Cuba ajiacada desde Colón y pasando por Fernando Ortiz. Una Cuba que nunca tuvo rey propio.

Él no conoce la ira de los plebeyos. Aquella que nace conjuntamente del dolor físico y de la impotencia para terminar en un alarido de “coños” inoportunos que mientras más se repiten más alivian el cuerpo. No puede entender la cólera de aquellos a quienes recrea como mascotas de turno de un ente llamado “política informativa”.

Ningunea las batallas diarias, las pequeñas batallas diarias desde la incomodidad, la irreverencia y la carencia de apellidos de aquellos a quienes condena. No pregunta, no ofrece ayuda, no estudia, no profundiza en el mal real de la prensa cubana porque acaso puede convertirse en peligroso y “políticamente incorrecto”. No debate si no es frente a las cámaras. El mundo detrás del telón no existe.

Asiste vestido de traje a la cultura de los “alguien”, encerrada en teatros y cines y cabarets en dólares cubanos. Cultura best seller mientras La Habana se desangra en el día a día. Cultura de dominó y gritería y carajos. Cultura del sudor y la peste a grajo. Cultura grotesca, carente de ropa y de tenis Adidas. Cultura de la supervivencia. Cultura de los “nadie”, los que no son invitados a programas televisivos en horarios de máxima audiencia, los que no son reverenciados. Manos sucias y trabajadoras que no son besadas.

Y allí estoy yo. Tan lejos de él. Tan lejos de las luces de teatro. Tan falta de delicadeza. Tan viva. Tan real. Tan llena de emoción como para volver a gritar una y otra vez cuando ofende a mis contemporáneos sin casa, sin nombre y sin otra cosa que las ganas y la dignidad: “¿qué coño le pasa a Amaury Pérez Vidal?”

Escrito por Elaine Díaz

junio 25, 2011 a 11:46 am

Escrito en Crónicas

Los ojos de la tristeza

con 7 comentarios

No vi la cara de Albertico. No escuché su voz. No supe cómo lucía ni qué pensaba. Apenas noté su presencia. Solo conocí de él a sus padres, inauguradores de gritos, histeria y aguaje discursivo en medio de una Lagueruela festiva.

“Revísate a ver por qué el niño no habla contigo”

“Mejor revísate tú, a ver qué clase de madre eres”

“Yo he criado cuatro y ahí están. Mejor siéntate a ver un video de padres para que veas como es uno”

“No me descargues fula”

“No me descargues fula tú a mí. Yo lo traje para que te viera porque hoy es el día de los padres y mira lo que haces…”

“Mira todo lo que estás haciendo tú, el día que lo fui a buscar para llevarlo a la playa casi me da un infarto, se me pusieron los ojos rojos…”

“Habla con él, lo que tienen son 7 años”

“Pero si ese niño ni me habla”

“Ve a un psicólogo y aprende, déjate de abuso, trátese con un psicólogo y aprenda a educar”

“Qué educar de qué si lo fui a llevar a la playa y me dejó quemao”

“Aprende a educar, aprende a educar… Vámonos, mijo, que yo no vine aquí para discutir. De todo ese grupo que está allá adentro a él le interesarás tú y tu mamá si acaso. Eso es un niño, si fuera un hombre…”

“Relájate, relájate que te veo tensa”

“Albertico, dime si te vas a ir… Y el que tiene que relajarse eres tú. Mira Albertico, ve por ahí para allá, conversa con tu papá”

“¿Y por qué Albertico está así? ¿Qué cosa le he hecho yo para que esté así, a ver?”

“Yo no tengo nada que ver con eso. Mi papel como madre yo lo he hecho y mejor no lo pude hacer. Yo me dedico nada más a hacerlo feliz y ser feliz yo. Albertico, ¿qué vas a hacer? Dime que estoy pasando tremenda pena”

“Más pena estoy pasando yo delante de toda mi familia, que todo el mundo está ¨Albertico, Albertico¨ y Albertico parece que no es hijo mío”

“A ver, qué es lo que pasa, Albertico, dime qué pasa”

“Él no me mira”

“¿Y qué culpa tengo yo?”

“¿Y qué quieres que le haga, que lo ahorque?”

“No, no puedes ahorcarlo, ese problema tienes que arreglarlo tú solo…”

“¿Y qué hago?”

“Mira Albertico, tu papá te dijo que hablaras con él. Y ya la que se está cansando soy yo. Y yo no me puedo estresar ni alterar, conversa con tu papá qué es lo que te pasa porque yo no vine aquí a hacer papelazos y vas a coger gaznatones, yo sí te voy a dar gaznatones…”

Hace unos minutos cogí el teléfono. Marqué un número casi olvidado. “Estoy trabajando mucho hoy, paso a verte mañana, felicidades, un beso…” Olvidé decir “tequiero, tequiero, tequiero”. Tuve miedo. Pensé “ya no está de moda”. En unos años puede que Albertico ni siquiera haga eso…

Escrito por Elaine Díaz

junio 24, 2011 a 9:37 am

Escrito en Crónicas

Con uno que ofenda

Por: Jesús Arencibia

Respetado Amaury:

Llega a su fin «Con dos que se quieran» y ya nos sucede a muchos como cuando se termina un plato exquisito: “sabe a poco”. A poco, porque no abundan los espacios de este corte en nuestra televisión; porque ha sido un programa de pensamiento, de posturas que mueven a debate, y eso tal vez sea lo más necesario en la Cuba de hoy; porque ha tenido invitados, horario y extensión de lujo; porque el diálogo ha fluido diáfanamente, porque a uno pueden agradarle o no ciertas preguntas; ciertos subrayados tal vez innecesarios; pero la altura intelectual del producto en su totalidad resulta sumamente meritoria. Leer el resto de esta entrada »

Escrito por Elaine Díaz

junio 22, 2011 a 3:05 pm

Escrito en Comentario

¿Por qué #Twitthab?

con 31 comentarios

Llegué a Facebook en el año 2007 o a inicios de 2008. En un invierno emocional, en el medio del cuarto año universitario y con el corazón destrozado. Amé por cada pasillo de la Lenin durante doce grado a un muchacho que me enseñó a creer a los 18 años en “ser felices para siempre”. Un muchacho que me arrebató el bombo y la jodida circunstancia de la emigración por todos lados dos años después.

Lo seguí amando por casi tres años. Durante más de 730 días escribí un diario que hoy duerme en algún lugar desconocido de Tampa. Dos agendas con fotos, pedazos de hojas de árboles, flores, credenciales para eventos, artículos publicados en los diarios, reportajes radiales, grabaciones de 30 minutos, trinar de pájaros, vida…

Conocí Facebook gracias a él. Desde una universidad pública en Virginia dejaba su rastro en la neblina azul del recién aparecido espacio virtual. Su sonrisa, sus logros, sus pensamientos en tiempo real, sus dudas. Éramos solo él y yo, hasta que ya no fuimos nada, hasta que nos convertimos en un nombre en la lista centenaria de amigos del otro. Facebook fue el puente, oxígeno imprescindible antes de volver a recuperar las fuerzas y echar a andar.

Amé Internet porque lo amaba a él. Amé la red porque podía escucharlo en tiempo real, leerlo en tiempo real, soñarlo en tiempo real; a pesar de la malévola CIA o del persuasor G2.  Y cuando ya no estuvo más, seguí amando el espacio donde había podido querer a pesar de las 90 millas.

Entré a Twitter un poco después, por curiosidad. Un día se convirtió en necesidad. Apenas puedo articular palabras en público, la osadía digital se convierte en nada en el mundo real. Y en este espacio volví a conocer a personas con y por las que lloraría mucho tiempo después en el Malecón habanero.

Twitter nació para mí igualmente torcido que su enemigo Facebook. Y ya no los puedo odiar. Hace dos días conocí a @sol24 y a @arielissac, dos geeks cubanos que viven en Miami. Conversamos como si hubiéramos sabido los unos de los otros durante toda la vida. Esa noche de manos estrechadas le pusimos rostro al avatar, voz a cada tweet y me sentí tremendamente feliz.

#Twitthab promete ser lo mismo, un rincón de paz y amor en la Cuba de 2011. Un momento de encuentro y regocijo entre personas cuyo único objetivo es conocerse, intercambiar usuarios, contar historias, reír. Geeks del siglo XXI en una Cuba sin wifi.

#Twitthab es conversación, no reclamación. #Twitthab es encuentro, no parada. #Twitthab es amor y paz, no trifulca. #Twitthab es tolerancia y respeto, no imposición. En #Twitthab “quiero conocerte”, no “tengo que conocerte”. #Twitthab es nuestra, no de quien exhiba mayor número de seguidores. En #Twitthab no hay líderes, todos somos usuarios. #Twitthab no es noticia de portada, es crónica hermosa para diarios personales. #Twitthab brindará por los amigos pero no perdonará a los enemigos.

#Twitthab no es apta para sentimientos mezquinos, para campañas políticas, para agendas ajenas. #Twitthab no es show y espectáculo para el mundo, es momento íntimo y sincero de reencuentro en la isla. #Twitthab es creer y hacer, no malograr y distorsionar.

#Twitthab es el Facebook donde fui feliz en 2007 y el Twitter que nos regaló a @arielissac y @sol24.

Escrito por Elaine Díaz

junio 18, 2011 a 5:51 pm

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Yo estaré en #Twitthab, ¿y tú?

con 10 comentarios

Se nos hace realidad el sueño a muchos tuiteros cubanos de encontrarnos en el mundo 1.0

Viernes 1ro de Julio, 2011 a las 4:oopm y sin hora de retirada en el Cinecitá…

Twitthab

Escrito por Elaine Díaz

junio 16, 2011 a 1:06 pm

Escrito en Crónicas

Pequeñas alegrías

con 7 comentarios

El alegrón grande es difícil de conseguir. Depende de factores objetivos, subjetivos, económicos, políticos, sociales y culturales. Depende de transgredir lineamientos, directrices, normativas y hasta etcétera. Pero las pequeñas alegrías escapan al control, a la regulación y la autorregulación. Las alegrías minúsculas, segmentadas, nacidas de la casi nada son difíciles de notar.

Y estoy aquí, intentado reconstruir un día perfecto. Un viernes de chinchín cobarde en La Habana de todos los cubanos. Un viernes que comenzó con tres tristes tesinas; devenidas fajo de hojas invaluables, nacidas del sacrificio de tres buenas personas. Un viernes de tribunal jugando a puntuar del 1 al 5 el esfuerzo de otros. 5 con felicitaciones escribí con la pluma una y otra vez antes de abrazarlos con la sensación del deber cumplido. Leer el resto de esta entrada »

Escrito por Elaine Díaz

junio 13, 2011 a 11:03 am

Escrito en Crónicas

Los delegados que nunca serán revocados

con 44 comentarios

Leo con tristeza las noticias sobre el pintor cubano Pedro Pablo Oliva. Pasé alguna vez frente a su casa de Guanabacoa. “Ahí vive Pedro Pablo”, me recordó alguien con admiración. En la Feria del Libro del año 2007 lo vi presentar sus ilustraciones para una edición sobre el Caballero de París, ese loco tan cuerdo que hoy nos sigue con la mirada desde el convento San Francisco de Asís.

Le imputan ser contrarrevolucionario, disidente, anexionista… Palabras severas para quien eligió quedarse a compartir la Revolución y no solo pensarla en primera persona, sino actuarla a partir de su Casa Taller en Pinar del Río. Los finos hilos de la burocracia se aterraron por una carta personal y la inconveniente posición política de su ex esposa. Leer el resto de esta entrada »

Escrito por Elaine Díaz

junio 6, 2011 a 1:45 pm

Escrito en Crónicas

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