La Polémica Digital

Espacio para debatir sobre Cuba

Yo me quedo

with 14 comments

Somos tan libres como el papel

En 1982, Pablo grabó en un estudio la canción de su época. Pablo grabó la canción que había que grabar en ese momento, la canción que hubieran escrito mis padres de ser Pablo, o la que hubieran escrito mis abuelos, deudores de cierta cosa llamada “Revolución”, que les devolvió otra cosa menos material pero ciertamente importante… la dignidad. Pablo escribió, al mismo tiempo, una letra profundamente anti-transnacional, si es que tal cosa existe, donde anclaba la casa, las esquinas, los barrios, los vecinos, los compadres y los amigos a un cierto territorio estático, geográficamente diseñado como isla, llamado Cuba. Como si Cuba fuera solo habitable dentro de su silueta larga y flaca.

Pero pasa que a mi tío no le alcanzaron esas cosas pequeñas, silenciosas… Y se largó en una balsa hecha a mano, en aquel cuarto cerrado durante seis meses, justo antes de la crisis migratoria del ´94, aquel tiempo donde Fidel y Clinton jugaban a ver quién era el más guapo del barrio. Tampoco le alcanzaron a mis primas que cruzaron la frontera de México sin volver la vista para recorrer por última vez esa casa que las albergó. Ni fue suficiente para mi Yanet, de todas la mayor pérdida, la hermana que nunca tuve, porque el verde que la deslumbraba estaba en cierto jardín de Miami donde vivía su esposo. Y sucede que mi tío y mis primas son apenas minúsculos números dentro de sucesivas oleadas de gente viniendo en busca de algo, o de alguien, o de algo y alguien al mismo tiempo.

Mi llegada, sin embargo, tiene sus cuotas de altanería y de falta de dramatismo. No hay días perdida en el mar. No hay fronteras que cruzar. Hay apenas un avión que sale de La Habana el 17 de julio de 2014 con dos horas de retraso y llega a Miami a medianoche. Hay un montón de lágrimas, hay exactamente 45 minutos de lágrimas, con patadas en el piso que solo te puedes permitir porque las luces están apagadas y en el avión, medio vacío, cada cual se reconcilia con sus propias pérdidas, con sus propios pedazos desperdigados por toda La Habana. No hay miedo aquella noche. No hay incertidumbre. Porque yo solo estoy de paso. Y estar de paso es un privilegio.

Mi llegada tiene también esas dosis de bravuconería hacia Miami. Tan ancladito en la playa, tan aburrido, tan sin transporte público, tan sin nadie hablando inglés. Con sus restaurantes patéticos que intentan recrear una Cuba que nunca existió, con sus Dolphin Malls y sus cirugías plásticas. Con su tan poco parecido a Estados Unidos y, al mismo tiempo, con su tan poco parecido a Cuba. Miami como víctima de sí misma. Como el lugar que nunca pudo terminar de ser.

Ocho meses después voy a ir a New Orleans. Voy a visitar las calles de New Orleans por exactamente dos horas. Voy a escuchar jazz en vivo, en una suerte de casa-castillo sucio, con ventiladores de patas, y bancos de madera y gente sudando y las calles con huecos. Y va a llover esa noche, y la apoteosis de New Orleans se me va a parecer mucho, muchísimo a la de La Habana. Y voy a pensar que los cubanos de Miami deberían irse a New Orleans si de verdad piensan resucitar a La Habana en Estados Unidos. Y me preguntaré qué pensará Pablo si lo pongo frente a estos olores con una banda negra en los ojos.

Pero cuatro meses antes le voy a decir a James que quiero escribir “una cosa”. James sabe que yo le llamo “cosa” a los libros, pero que uno nunca dice que va a escribir un libro, porque restarle importancia es un mecanismo de autodefensa. E incluso bromeamos con que lo vamos a lanzar en la “Harvard Thing Store”. Le digo a James que yo creo que Miami es para los cubanos la zona de comfort donde tiene lugar la naturalización del fracaso.

James cree que esa frase es intensa, poderosa, y que debería escribir la historia de cómo Miami está diseñado para que te quedes por allí, ya sea porque le tienes miedo al idioma, al clima, porque es más fácil que te lleguen los papeles o porque termina siendo un CDR sin presidente. Yo no le digo a James que esa frase es pedante, y que yo no puedo escribir esa historia porque yo no he vivido “Miami”. Miami es también una actitud ante la vida. Y mi paso por la ciudad ha sido epidérmico. Mi libro, James, terminaría siendo como las mesas redondas que desde Cuba hablan de Estados Unidos.

Dos meses después de la conversación con James y un mes antes de New Orleans voy a aterrizar en Tucson. Lo primero que debes saber de Tucson es que se pronuncia sin la c. Tucson está en las tierras fronterizas. Tucson me recuerda a Miami. Es la ciudad que no pudo ser. Es la ciudad que continúa luchando con los fantasmas de la emigración y que continúa intentando sobrevivir a su propia tragedia de muertos que se pudren en el desierto.

Por último, trece días después de New Orleans voy a salir de copas con él, tan cubanoamericano, esa construcción cubano-americana que sobrepasa la ley y se construye sobre los pedazos del allá que sobreviven en ti y los que arrancas de un acá que aún no te pertenece. Y vamos a saltar de bar en bar por cierto sitio de Boston que aún no conozco. Y vamos a cambiar de vino a cerveza y de cerveza a vino, lo cual es una idea terrible. Y me va a decir que no entiende por qué me largo sin pedir la residencia. Y le voy a responder que el vino blanco está escandalosamente bueno. Y me voy a acordar de Pablo. Porque, seamos honestos Pablo, tenemos que hablar de otras cosas, más dignas, más hermosas.

Hay, Pablo, una ciudad apenas perceptible que sobrevive bajo los malls, y las fotos con autos y las casas de pladur. Hay una ciudad deslocalizada, que desborda el espacio geográfico de La Habana y Miami, construida entre todos aquellos que lloraron por 45 minutos, por 19 días antes de cruzar la frontera o mientras estaban perdidos en el mar, e incluso por todos aquellos que nunca lloraron. Unas horas después le voy a escribir a James, le voy a decir que no, que no puedo escribir sobre la naturalization of the failure por muy coqueta que resulte la frase. Le voy a decir que hay una historia debajo de esa mirada, una historia que quizás hable de resistance to assimilation y de orgullo. Una historia más compleja de cierta tribu que lucha por recuperar su voz.

A mi amigo de los bares no le voy a responder porque él no va a entender, o porque quizás su pregunta es como el how are you americano, que no espera respuesta. En otra circunstancia quizás le diría que no, que yo no me quedo, pero que no hay ninguna virtud en el regresar. Le diría que alguien tiene que regresar a La Habana, no a hablar por él, sino a asegurarse de que nadie hable por él. O a asegurarse de que algún día no sean solo las remesas que envía quienes hablen por él. Le voy a decir que quizás, yéndome, también me estoy quedando.

Written by Elaine Díaz

abril 27, 2015 a 1:05 pm

Publicado en Desde Cambridge

14 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. Welcome back anticipado😉
    R

    rafauniversidad

    abril 27, 2015 at 1:24 pm

  2. ¿Puedes escribir con mayor frecuencia cosas como estas? Pensándolo bien, ¿puedes escribir lo que se te de la gana pero con mayor frecuencia?

    Dan

    abril 27, 2015 at 2:04 pm

  3. Brutál e incómodamente bueno!

    reinaldo

    abril 28, 2015 at 12:07 am

  4. Muchas opiniones,muchas ideas.Parece como si fueras una gran estudiosa de la sociedad en miami.En realidad creo que no entiendes poco lo que observas.Esta sociedad no es para todo el mundo;haces bien en regresar.Saludos.

    JOSE

    abril 28, 2015 at 9:17 am

  5. dios,que maravilloso lo que escribes,me dejastes largo rato reflexionando.Graciasssss

    May

    abril 28, 2015 at 1:07 pm

  6. muy buen texto, digerible due principio a fin como el mejor de los bocadillos cubanos…. Y aunque como periodista no disfruto los escritos in primers persona que no son mas que impresiones personales debo reconocer que en este se recoge muy bien el sentir de un a partir de descriciones y reflejos de partes importantes de nuestra historia, cultura y frustraciones…. Gracia por esta pedacito de texto entre lo periodistico y literario…

    dairon

    abril 29, 2015 at 12:01 am

  7. Por su puesto pablito escribio una cancion muy bonita, pero es solo eso una cancion , la realidad es muy distinta y al parecer a Pablito tampoco le alcanzo porque salio echando un patin pa España……y por supuesto a mi me gustaría regresar también como a muchos que conozco, yo también me quedo pero para eso necesito otros periodicos ademas del “Granma” , otros partidos ademas del “Comunista”, otra televsion ademas de la del ICRT, otros sindicatos ademas de la “CTC”, la desaparicion de los tenebrosos calabozos de “Villa Marista”., y el desmantelamiento de la tenebrosa Gestapo DTI, que los contratos a los trabajadores del turismo los haga directamente el dueno de la cadena y la nomina la maneje el dueno del hotel y no el estado cubano.Que nuestros ninos tengan leche para desayunar.Que nuestros ancianos tengan un retiro decoroso.Que comerse un bistec de res no sea un delito o exotismo culinario. Que los cubanos con talento tambien tengan oportunidad de negocios a gran escala para fundar corporaciones y no solo patrimonio exclusivo de los generales del MINFAR. Que el pueblo entero tenga libre acceso a internet sin censura de banda ancha desde su casa y a precios accesibles para saber lo que pasa en el mundo entero de primera mano, y poder comunicarse con amigos y familia en el extranjero via “Skype”. Para que un dia cuando este en un lugar publico o una cola pueda expresar libremente lo que pienso sin que me salga al paso un individuo desdientado andrajoso a quererme comer vivo y amenazarme con un acto de repudio o que me va a llamar la policia por contrarevolucionario. La lista de condiciones para regresar a Cuba se siguiria extendiendo y este espacio no esta concebido para eso. Pero si algun dia regreso a Cuba, será cuando haya un estado de derechos y no derechos de estado, mientras no suceda todo eso y mucho mas, al igual que Pablito YO NO ME QUEDO.

    Dantes

    abril 29, 2015 at 5:56 am

  8. Ahh, tienes toda la razón del mundo en cuanto a Miami. Pero reflexiona si lo que cantó Pablito en los ’80 todavía tiene vigencia.

    Yo también como tú nací en los ’80 y vi como la sociedad donde vives ahora perdía esas pequeñas cosas que tanto añoras. La naturalización del fracaso es algo vivo en ambas ciudades.

    Tu artículo, sencillamente genial, gracias.

    Alex

    abril 29, 2015 at 11:23 am

    • Yo creo que hay una parte de “quedarse” que tiene que ver con miedos, con zonas de comfort, con temores a “probarte” en otros escenarios, a tener que superarte a ti mismo… Creo ciertamente, como tú, que funciona en todos lados. No lo había pensado así hasta ver tu comentario. Pero es verdad que mucha gente se esconde tras un patriotismo geográfico que nada tiene que ver con el amor a la tierra y sí mucho con el miedo a “no ser”, o el miedo a perder la voz, o ciertos privilegios. Por eso creo que no hay ninguna virtud en el regresar.

      Elaine Díaz

      abril 29, 2015 at 12:54 pm

    • Alex no tuvo vigencia en los 80, ni tampoco lo tiene ahora, simplemente el gobierno utilizo la canción con fines propagandístico para contrarrestar la mala imagen que creo el éxodo del Mariel, que casi se va la Habana entera.

      Dantes

      mayo 2, 2015 at 12:51 am

      • Puede que sea cierto, real o no, en algún momento lo sentí, tal vez la propaganda me confundió. Yo nací cuando lo del Mariel y la verdad que no tengo referencias de lo que pasó. Muy personalmente, prefiero creer que lo que sentía con la canción era verdadero.

        Alex

        mayo 3, 2015 at 9:10 pm

  9. Un día tu me salvaste, bien que lo sabes. Bien que lo sabemos tu y yo. Un día, me llevaste de la mano a la Estación Central y me invitaste a mirar las estrellas. Y yo, que te hacía caso en casi todo, menos en dejar de llorar, me acosté y miré. Y vi las estrellas, vi a todo Manhattan y te vi a ti. Luego y antes, aquellos días intensos me ayudaron a encontrarte. Imagino por qué regresas y sospecho que es probablemente por la misma razón que ya yo no lo haría, cuestión de elecciones…

    Mayle

    abril 30, 2015 at 10:31 pm

  10. No tengo dudas al respecto: eres inteligente y tienes talento (que son dos cosas distintas). Y por si fuera poco, eres una periodista de fuste largo y sólido, como el de la palma real.

    cmkx1938

    mayo 28, 2015 at 5:47 pm


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: