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Cartas hasta Freetown

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Te escribo cuando me pinto las uñas. Acá vale mucho que te pinten las uñas, por eso compro el rojo y me lo hago yo misma. Queda bastante bien. Solo tienes que evitar los rojos de CVS, que son fatales, y se caen al segundo día. Es mejor gastar un poco más que andar siempre con las uñas a medio pintar.

Te escribo también desde el mall, que es la mar de aburrido, pero uno puede sentarse a ver lo que hace la gente. En el mall hay mucha gente con pocas bolsas en la mano.

A veces te escribo desde las clases, ya eso es más difícil, no quiero que la profesora me vea con el teléfono. Acá nadie me va a botar del aula, pero la maestra pensará que soy imbécil, porque quién en su sano juicio se pone a chatear en el medio de una escuela que cuesta más de 60.000 dólares al año.

Otras veces te escribo desde el metro. Pero nunca, jamás, desde la bicicleta. Ya te conté que la gente acá tiene miedo de enfermarse. Honestamente yo no sé si es la gente de acá o solo yo. Los seguros médicos siempre ponen como ejemplo una caída de la bicicleta para explicar términos como copay, deductible coinsurance, que son las tres cosas que debes pretender saber acá antes de comprar uno. Por eso yo no hago nada mal cuando monto bicicleta. Caerse es caro.

Te pregunto cómo estás pero evito saber detalles de tu trabajo. Una vez me dijiste que no podías dar declaraciones. Solo tengo la certeza de que llegaste a Freetown con otros 160 médicos. Te pregunto también qué comes porque es quizás la forma más fácil de tener una conversación normal. Los dos evitamos mencionar la palabra ebola aunque sabemos que no va a desaparecer. Tú me dices que estás bien y que los han recibido con mucho cariño. Yo te pido que te cuides mucho. Tú me cuentas que la comida no está mal. Yo te respondo que comí cebra en Nairobi. A ti te extraña. “Ellos tienen muchas cebras, pueden darse el lujo de comerse algunas”. Tiene lógica para ti. “A lo mejor no tienen pollo por pescado”. A ti te da risa, porque entiendes lo que quiero decir, y a mí me gusta decirlo porque no tengo que explicarte el chiste, como a mi amigo alemán Alex.

Tú me cuentas que los periodistas no son santos de tu devoción. Mía tampoco, sabes? El problema con los periodistas es que a veces andan como auras tiñosas rondando a la gente por una primicia. Pero yo no soy de esas, aunque no te lo digo, porque seguro es lo mismo que te dice todo el mundo. Tú me dices que alguna gente también odia a los malos médicos. Es cierto, pero no tanto como a los malos periodistas.

Hemos estado hablando de nada durante dos semanas. A veces te cuento que me da pereza cocinar para mí sola y tú me dices que me vaya a comer a la calle. Te explico que es carísimo y me contestas que hay que ahorrar, porque esa es la idea, no? Salir, ganar un poco de dinero, regresar, volver a salir, volver a ganar otro poco de dinero, volver a regresar, hasta que uno se cansa y no sale más o no regresa más.

Yo sé que eres joven y que quieres mucho a tu esposa y a tu hija. No porque te haya preguntado, sino porque a veces suelo ver cuando pones fotos de ellas. La gente no entiende que uno no siempre sube fotos a Facebook de lo que está haciendo en el momento. A menudo jugamos con las imágenes que capturan momentos con la gente que nos hace falta. A mí también me hace falta mi gente, que no es tu gente, pero están en el mismo sitio.

Yo no te digo que vigilo tu bombillo verde para que no te asustes. A fin de cuentas, estoy en Estados Unidos. En nuestro escaso mundo todo el que está en Estados Unidos y hace preguntas raras trabaja para la CIA… o para el G2… o para alguien. Mi obsesión con tu luz verde tiene que ver con la sensación de saberte vivo. Yo no sé cuánto tiempo estarás allá. Pero rezo porque cada tarde noche aparezcas en el chat, aunque se me estén acabando las excusas para hablarte. Quizás porque hablándote a ti, también siento que le estoy hablando a los otros 450.

Written by Elaine Díaz

octubre 13, 2014 a 8:26 pm

Publicado en Desde Cambridge

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3 comentarios

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  1. Ojalá regrese,ojalá regreses tú y ojalá no les haga falta más el chat y hasta etc.

    reinaldo

    octubre 14, 2014 at 8:42 am

  2. Se extraña cuando se ama… se es feliz cuando tienes lo que extrañas. el pollo por pescao si se extraña, es raro pero fuciona.

    nelaidacalleja

    octubre 14, 2014 at 12:04 pm

  3. Bueno que disfrutes y saques provecho de lo que cuesta pero aunque fuera gratis creo que por respeto al profe mejor es no usar el chat.en clase, aunque no te interese el en tema es, cuestion de educacion y profesionalidad, que ambas tu las tienea, asi que good for you.

    masabi

    octubre 17, 2014 at 4:44 pm


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