La Polémica Digital

Espacio para debatir sobre Cuba

Nota de audio 3

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Leer primero Nota de audio 4

Cuando él vino a Cuba le pedí una entrevista. Yo quería escuchar la historia de un balsero y estaba dispuesta a lograrlo con la mezcla de empecinamiento que sale de los Díaz y los Rodríguez, una bomba de tiempo cuando de mal genio y tozudez se trata. Mi tío me dio de largo, se fue a dar unos tragos, a alquilar el carro que toca y a comprar par de cositas para la familia como corresponde a cualquiera que venga de visita desde Miami. En aquel momento, para mí Miami era un vacío mental. O quizás una caja. La caja donde estaba Arianna, mi mejor amiguita de cuarto grado; mi tío el balsero; mis tres primas, supervivientes cruzadoras de la frontera mexicana y par de personas más.

Por eso, cuando tuve la dichosa visa de los Estados Unidos en la mano, supe que me quedaría al menos una semana en Miami, y que alguna noche, después de las cervezas de rigor, lograría sacarle a mi tío cómo fueron esos ocho días en el mar; porque estaban los balseros que salieron escondidos por El Cayuelo, una zona ríspida cerca de Brisas del Mar y los balseros legales, aquellos que llenaron las playas a plena luz del día cuando Fidel levantó el banderín. Mi tío pertenecía al grupo que puso los ahogados antes de que sonara la corneta oficial de arrancada.

Ocho días después, sin comida y fritos por el sol, un barco estadounidense recogió a 17 hombres en el mar a 30 kilómetros de Estados Unidos y la buena-para-nada emisora Radio Martí cumplió quizás la única función decorosa que ha tenido en su vida: leer los nombres de los que llegaban. Nunca como en aquella época se sintonizó esa radioemisora. Mi abuela, muerta de vieja y de miedo, buscaba en su aparato de onda corta los reportes sobre “lo mala que estaba la cosa en Cuba” para ver si escuchaba el nombre de su hijo. Una tarde lo leyeron clarito. “Está vivo”, fue lo único que atinó a decir. Y ya eso era suficiente.

Casi veinte años después, aterricé yo en el Aeropuerto Internacional de Miami. Venía absolutamente deslumbrada con Boston, una ciudad universitaria donde sientes que el talento está por todos lados y que tienes derecho a alguna cuota de genialidad. Una sensación que se apaga cuando aterrizas en la ciudad de los malls rectangulares. Un espacio asfixiante y conservador que solo cambió de tonalidad cuando mi tío parqueó su camioneta vieja en pleno aeropuerto, montó mi maleta y arrancó para un buffet chino.

Y yo sin hambre y él insistiendo en que aprovechara y yo queriendo arroz con frijoles y el que camarones y langostas y yo que helado y listo. Hasta que paramos en un mercado barato y compré mis frijoles y cogí un mamey en fruta que mi tío cambió por un nylon congelado que terminaría no sabiendo ni a mamey ni a nada. Allí hice mis primeros frijoles negros después de once días y me supieron igualitos que en La Habana; porque a la gente la nostalgia les da por hablar mierda y se ponen a decir que si los tomates y la lechuga y los frijoles no saben igual. Pshh. Todo estaba igual de bueno si sabías prepararlo bien. Menos el mamey congelado, claro; que de verdad violaba algunos derechos humanos.

Mi tío no quiso hablar esa noche, ni a la noche siguiente, ni los nueves días restantes antes de irme. Yo tampoco le pregunté; porque uno tiene que saber interpretar los silencios y los dolores de cada cual. Dicen en Miami que los balseros nunca cuentan su historia; porque estar en el mar de noche es tan terrible, que el solo hecho de rememorar las sensaciones de ese momento puede generarte un ataque de pánico.

El último día nos sentamos al borde del portal en un campo de trailers, que no son casas rodantes sino viviendas un poco levantadas del suelo o qué sé yo. La gente allá las identificaba al instante. Para mí todas eran más o menos iguales. Cartón, tabla y mucha serpentina. Y a mi prima se le ocurrió preguntar por Aimara y mi tío le dice que anda con un hombre que es el que la mantiene, porque él es viejo y ella jovencita. “Este mes no ha pagao la luz, imagínate que tiene un recargo de 700 pesos”. Y a mi prima le da por decirle que vio a Aimara buscando trabajo. Mi tío, que es experto, le responde que “mentira, muchacha, eso era porque se encabronó con este y cogió un espacio unos días y se perdió”.

Unos minutos después, no sé por qué, comenzó a hablar de los primeros trabajos que tuvo en Miami aquellos días en que dormía debajo de un carro. Cuando mencionó el nombre de Mas Canosa y una compañía de construcción supe que tenía una historia mejor que aquella de los sobrevivientes del Golfo de México. Saqué el celular y grabé la nota de audio 3.

Written by Elaine Díaz

octubre 16, 2013 a 8:32 am

Publicado en Crónicas

13 comentarios

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  1. Esperando la Nota # 2.

    reinaldo

    octubre 16, 2013 at 11:00 am

  2. sigue sigue sigue !!!

    lolitovc

    octubre 16, 2013 at 12:26 pm

  3. Elaine, saludos, pero no entendí. Me quedé con ganas de saber la historia de tu tío y la compañia de construccion de Mas Canosa. no esta es tu nota de audio 3 donde estará esa historia en la de audio 2?

    Carlos

    octubre 16, 2013 at 1:40 pm

  4. “los balseros legales, aquellos que llenaron las playas a plena luz del día cuando Fidel levantó el banderín. Mi tío pertenecía al grupo que puso los ahogados antes de que sonara la corneta oficial de arrancada”

    Según la política oficial del gobierno cubano, siempre usada anteriormente y después, -que tienen esa facilidad de cambiar “de palo pa`rumba”- incesantemente han dicho que la Ley de Ajuste Cubano es asesina, porque “incita” a los cubanos a emigrar en condiciones de extremo peligro para sus vidas, pero en aquella oportunidad, posando de Poncio Pilatos, dijeron que emigrar era un derecho que tenían las personas, retratándose una vez más, como demagogos que son.

    Tu tío sobrevivió, aunque salió con “nocturnidad y alevosía” antes de que sonara la corneta oficial y no tuvo que poner el ahogado, pero en aquella farsa trágica alentada por el gobierno, donde decenas de miles se lanzaron al mar sin las más mínimas condiciones, a veces sin saber distinguir norte de sur, cobró un alto precio y miles de cubanos alimentaron los tiburones del estrecho, solo por ejercer presión política al gobierno norteamericano.

    Esos hechos junto a otros como son la participación en las guerras en África y Latinoamérica, organizadas por el gobierno cubano, con el único fin de complacer el enfermizo ego del máximo líder han costado miles de vidas y solamente se podrán medir en su verdadera magnitud y tragedia cuando se analicen en su auténtico objetivo por las generaciones futuras.

    OBravo

    octubre 16, 2013 at 9:07 pm

  5. Me has “vendido” la historia. ¿Dónde está la nota de audio 3?

    Alejandro

    octubre 18, 2013 at 8:01 am

    • Viene en camino

      Elaine Díaz

      octubre 20, 2013 at 6:58 pm

      • Doler el uso de la libertad de expresion? En todo caso duele verla usada mediocremente para dar una imagen simplista y ridicula, pero la libertad nunca duele, unicamente le duele a quien no la tiene, si es que la conoce y la siente. Si no, ni siquiera la toma en cuenta. Romerillo seria mas bello que Boston con solo un gramo de la libertad que no tiene y que te rodea en Miami invisible para tus ojos.

        Iyamiami

        octubre 21, 2013 at 1:37 pm

  6. Y a mi prima le da por decirle que vio a Aimara buscando trabajo. Mi tío, que es experto, le responde que “mentira, muchacha, eso era porque se encabronó con este y cogió un espacio unos días y se perdió”.

    No sera un experto pero al menos sabe de que palo se arrasca la iguana.

    Dantes

    octubre 18, 2013 at 2:57 pm

  7. Una sensación que se apaga cuando aterrizas en la ciudad de los malls rectangulares. Un espacio asfixiante y conservador ……….muy inrrespetuoso su comentario pues en este espacio asfixiante y conservador su gobierno ha obligado a muchos paisanos suyos a vivir, y lo hemos hecho con la frente en alto y transmitiendo nuestras costumbres a nuestros hijos manteniendo en alto nuestro pais Cuba que no es propiedad de nadie en particular

    desdemiami

    octubre 18, 2013 at 9:31 pm

    • Como duele el uso de la libertad de expresión cuando se refiere a la “finca propia”, eh?

      Elaine Díaz

      octubre 20, 2013 at 6:57 pm

  8. Ademas en este espacio asfixiante y conservador es donde de verdad trabajan los cubanos para sostener a sus familiares que estan sumidos en la cronica y desesperante miseria que conlleva vivir en el paraiso socialista cubano,donde reina la vulgaridad,la chabacaneria,la mala educacion,los malos habitos y todas las demas “virtudes” ,que adornan al hombre nuevo,creado por unos bandoleros que bajaron sin banarse de las lomas a robarse la prosperidad y las buenas costumbres de un pueblo sencillo y laborioso

    TIEMPO MUERTO

    octubre 20, 2013 at 12:01 am

    • Una pregunta Elaine. Y tu tio ya es ciudadano?. Aplico, se examino e hizo el juramento. Ya tiene derecho a votar por su presidente, hagalo o no?. Si es asi, valio la pena lo que hizo. Aunque no se haya superado como el resto y haya alcanzado una buena vida, valio la pena.

      Sanson

      octubre 21, 2013 at 5:51 pm

  9. Profesora con todo respeto no entiendo su concepto de libertad de expression por favor no use esos argumentos para justificar sus palabras, usted conoce muy bien la historia de nuestro pais y lo que representa este espacio asfixiante para muchos paisanos suyos a veces el silencio es mas respetuoso

    desdemiami

    octubre 20, 2013 at 9:57 pm


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