La Polémica Digital

Espacio para debatir sobre Cuba

Nota de audio 4

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Si Eddie no hubiera mandado aquel correo a las 12 de la noche, yo no habría recordado a Mas Canosa. Pero sucede que Eddie pidió que grabáramos un mensaje para un proyecto comunitario en Argentina que trabaja con enfermos mentales. Habían ganado una ayuda económica y estaba dando las primeras clases de podcast para hacer un programa de radio en el centro médico. Le pusieron “Radio Los Inestables” o algo parecido. Eddie quería que grabáramos un archivo de audio diciendo “Yo me llamo”, el nombre, el país y que le mandábamos saludos a los del hospital.

Normalmente no le hubiera prestado atención al correo; no por Eddie, sino porque a quién se le ocurre que uno va a poder grabar un mensaje de audio y enviarlo por correo electrónico con la conexión a Internet como estaba. Llegaba más rápido el mp3 si lo mandábamos con una paloma mensajera. A regañadientes busqué la grabadora del teléfono y, con voz de doce de la noche, dije: “Hola a la gente de Radio Los Inestables, mi nombre es Elaine Díaz, soy de Cuba y quiero mandarles un gran saludo”. Saqué la tarjeta del teléfono y la conecté a la laptop.

Únicamente después de las doce de la noche puede uno leer en paz en este barrio. Ya pasaron todos los que venden el-pan-de-flauta-suave y los que compran libros o cualquier pedacito de oro. El agro cesa las transmisiones desde las siete y Marco Antonio Solís, o la grabadora que lo reproduce, se cansa de cantar la misma mierda con esa voz melosa que dan ganas de suicidarse. Quedábamos entonces la laptop y yo. Y la conexión a Internet prestada, claro. Pero esta última no cuenta, todavía, porque no se lo merece. Diremos mejor que estaba “la conexión a la cosa” y listo.

El archivo de audio, sin nombre, ni identidad, se escuchaba bien; pero estaba en una extensión rarísima. Un punto tres ge a. Que Eddie lo convierta a mp3 y listo. Abrí el correo, adjunté el archivo; no, ahora que recuerdo bien no lo adjunté, abrí el archivo y le di adjuntar, eran solo 400 KB… Pero demasiado para la cosa, que demoraba infinitamente.

Pensándolo bien, la culpa no fue de Eddie; sino de mi mamá. Si no hubiera estado los últimos seis meses de mi quinto año de la universidad becada en la sala de psiquiatría del Calixto García mientras ella salía de una crisis y empezaba otra, haciendo apuntes para una tesis o formalizando mi intención de obtener un título, aún no lo tengo claro; no hubiera prestado tanta atención al correo de Eddie. A fin de cuentas, la lista de Global Voices era una fuente inagotable de correos imposibles de seguir y mucho menos de contestar desde la conexión a la cosa que tenía.

Pero me imaginé aquel programa en la lúgubre sala de psiquiatría del Calixto, que daba también ganas de al menos un par de intentos de suicidios más y las voces de gente de cualquier parte del mundo diciendo que si hola, que si se llamaban así y que le mandaban saludos. Y ya no me pareció tan patética.

Me imaginé a mi madre aprendiendo a hacer algo diferente a tomar pastillas tres veces al día, bañarse, comer, dormir, tomar pastillas tres veces al día siguiente, bañarse, volver a comer, dormir; despertarse en la madrugada por los gritos de la señora de al lado que se había intentado envenenar con sabe Dios qué cosa… La imaginé con una reproductora, preguntándole cualquier cosa al de al lado, en un círculo, con un abrigo como el de la foto del señor aprendiendo a grabar que nos mandó Eddie. Por eso atendí su mensaje. Y también porque era de madrugada y Marco Antonio Solís se había callado de una vez.

Mientras se adjuntaba por cuarta ocasión, yo seguía imaginando el programa de radio en la sala del Calixto y a los médicos divirtiéndose como locos con las ocurrencias de los pacientes. Escuché el audio una vez más y me puse a leer otro artículo; mientras aquello, que parecía no tener fin, se adjuntaba por séptima vez. Me aburrí rápido. Tenía la atención dispersa, y más aún cuando pensaba en lo contentos que se iban a poner los argentinos aquellos cuando escucharan un mensaje en español desde Cuba. Entonces vi la nota de audio 3.

Written by Elaine Díaz

octubre 11, 2013 a 10:02 pm

Publicado en Crónicas, Lugares y gente

3 comentarios

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  1. No entendí nada,pero por lo que toca a tu historia personal te doy mi abrazo doble , te reitero mis respetos y hasta te dejo un beso.

    reinaldo

    octubre 12, 2013 at 3:11 am

  2. Este post me ha convencido de que has vuelto. Bienvenida, te extraña blogueando. Bsos,
    R

    rafauniversidad

    octubre 12, 2013 at 10:32 am

  3. […] Leer primero Nota de audio 4 […]


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