La Polémica Digital

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También hay un tiempo para llorar

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No pude llorar aquel día. De hecho, cuando leí el mensaje en la pantalla de mi teléfono celular no podía creer que se tratara de él. Julio no debía morir. Julio era eterno, estaba condenado a saludarnos siempre y a tomarnos fotos en aquella Facultad de Comunicación por los siglos de los siglos. Sin un amén religioso.

Ni siquiera pude llorar al día siguiente, mientras hacía la guardia de honor en los cinco minutos más importantes de mi vida. Tampoco miré su ataúd. Caprichosamente, me aferraba a la idea de que Julio no había muerto.

No derramé una lágrima tras el poco emotivo discurso de despedida en un cementerio colmado de cientos de estudiantes cuyas miradas cómplices invitaban a dejar salir el dolor. Cuando terminó el entierro, huí lo más pronto que pude de aquel lugar sintiendo que era apenas una puesta en escena.

En estos ocupados días de la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba revisé algunos documentos de archivo. Eran los difíciles días de 1998 y recién llegaba a Cuba Juan Pablo II. Eran tiempos de grandes coberturas. Eran tiempos de grandes periodistas.

Allí, escondido entre algunos párrafos leí la primera alusión a su nombre. El mismísimo Fidel Castro Ruz le decía “Julito, esto no sólo fue una prueba de confianza en sí mismo, fue un acto de extraordinario valor” refiriéndose  al desafío que significaba para Juan Pablo II visitar esta isla.

Y volví a ver su nombre. JULIO GARCÍA LUIS. Allí, todo en mayúsculas, estaba nuestro decano eterno. Inmortalizado en las versiones taquigráficas de la comparecencia del presidente Fidel Castro ante la prensa el día 2 de febrero de 1998.

Catorce años después, releía aquella oración pronunciada por Fidel. “No vine solo, traje dos invitados que me pueden ayudar”, refería. Y volví a leer el discurso completo, buscando las intervenciones de Julio, de mi decano, de mi profe, del fotógrafo de los instantes sencillos en aquella vieja casona de G.

Oraciones cortas, sintéticas y reflexivas utilizó Julio aquel febrero de 1998. Oraciones cortas, sintéticas y reflexivas utilizó en su último discurso de graduación. Sus tres consejos para los periodistas de 2010 fueron: “Humildad, humildad, humildad”. Una humildad que practicó en vida como una suerte de sacerdocio no católico.

No pude escribir cuando murió Julio. Envié apenas un mensaje de ánimo a su sobrino lejano en el tiempo y la distancia. Sabía que algún día volvería a verlo. Sabía que, llegado el momento, tendría que asumir con valentía su no-presencia; que ya no sería jamás ausencia. Y así, junto a las versiones taquigráficas de un discurso añejo en el tiempo, pude por primera vez llorar su muerte.

Written by Elaine Díaz

marzo 20, 2012 a 12:02 am

6 comentarios

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  1. Coño Elaine, este post me ha conmovido, apenas vi a Julio una o dos veces, no estudié periodismo y para mí siempre fue un personaje ajeno a mi etapa de estudio aunque a mis colegas siempre les resultó muy familiar, aún así, aunque haya sido un desconocido, también lamenté su muerte y creo que a partir de entonces fue que comencé a acercarme más a él. Eso de que hay un tiempo para llorar es tan cierto, y te agradezco que me hayas hecho consciente de eso, o que me lo hayas recordado de alguna manera, cuando murió mi abuela, apenas lloré, quizás porque ya estaba preparada para ese momento, sin embargo la primera vez que fui al Santuario del Cobre después de su muerte, lloré como niña chiquita, porque fue allí donde me sentí más conectada a ella, fue inexplicable, pero lloré tanto…

    Chely

    marzo 20, 2012 at 2:05 pm

    • Gracias Chely por tu comentario… Al parecer, para ti también hubo un momento !
      Abrazos desde acá,
      E

      Elaine Díaz

      marzo 20, 2012 at 9:01 pm

  2. “condenado a saludarnos siempre y a tomarnos fotos en aquella Facultad de Comunicación por los siglos de los siglos”
    no puedes tener más razón.

    Javier Montenegro

    marzo 21, 2012 at 1:51 am

  3. No lo conoci, pero por tu post y algun que otro articulo si he comprobado que gozaba del carino y respeto de sus alumnos. Vive en los recuerdos de ustedes, quisieramos muchos vivir asi eternamente , alimentados por las memorias de los seres que nos sobrevivan

    Maria Silvia

    marzo 21, 2012 at 10:57 am

  4. Precioso homenaje que le has dado a tu querido profesor . Lo siento desde la distancia.
    Dices bien, a veces hay personas que no deben morir, personas que dejan un legado de recuerdos y tristeza al partir.
    Pero esa es la vida mi niña. Un día debemos abandonar el tren de la vida para pasar a lo desconocido, que para mí es la vida eterna. No se para otros.
    Desde aquí le dedico un espacio en mi tiempo para recordar al que nunca conocí pero gracias a ti, me parece verle frente a sus discípulos.
    Que descanse en paz.

    Me quedo con tu expresión: Una humildad que practicó en vida como una suerte de sacerdocio no católico.

    Besos,

    http://gelois49.blogspot.com.es

    gd49

    marzo 29, 2012 at 3:07 pm

  5. Sus tres consejos para los periodistas de 2010 fueron: “Humildad, humildad, humildad”.
    $$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$

    Traducción al bozal: “Mande lamo, mande lamo, mande lamo”.

    mepiamo

    julio 3, 2012 at 4:58 pm


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