La Polémica Digital

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La historia de “El Mejunje” contada por su protagonista

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Por: Elaine Díaz Rodríguez, Yarimis Méndez Pupo, Abel Somohano Fernández, Kaloian Santos Cabrera y Diana Rosa Schlachter

 

 

Primero hay que llegar a Villa Clara. Son aproximadamente cuatro horas de viaje desde La Habana, en guagua. Nos habían hablado muchísimo del lugar, las expectativas eran altas… A pesar de ser jóvenes, enfrentarse con un sitio, un sábado a las 10 de la noche, donde los homosexuales puedan expresarse libremente puede resultar, en un principio, algo chocante. Sin embargo lo asumimos con la curiosidad propia de los 22 años.

 

Casi al final de nuestro viaje pudimos conversar con el director de este lugar, Silverio. Artífice de un espacio donde convergen niños, jóvenes, personas de la tercera edad; un lugar que no discrimina por raza, sexo u orientación sexual, y con la habitual modestia que lo caracteriza, Silverio, en algunos minutos, desandó toda la historia de El Mejunje, a la manera de los grandes cronistas…

 

– ¿Cómo surge “El Mejunje”?                                 

La directora general del Guiñol era muy amiga mía y empezamos el sábado por la noche allí, pero como toda actividad que comienza y que nadie conocía había sábados que no iba nadie, o íbamos nosotros dos y otra persona pero siempre se hacía, estábamos allí al menos.

Después algunos artistas se empiezan a nuclear alrededor del lugar: músicos, actores, poetas. Esta constituye una etapa muy íntima de El Mejunje, porque iba poca gente, y la mayoría eran personas vinculadas con la cultura, artistas. Como la ciudad no tenía otras opciones por la noche, este se convirtió en el lugar de lo músicos que salían del cabaret. Llegaban y empezaban a tocar. Recuerdo las descargas de Chucho López al piano, un piano destartalado que había allí, y muchos músicos se sumaban.

Aquel ambiente va creciendo y por supuesto empieza la gente y los funcionarios de cultura a fijarse en aquel lugar. Hasta entonces no era común que se hiciera nada que no fuera organizado, que no tuviera objetivo, que no tuviera un plan, que no se aprobara, y este era un lugar libre, donde no había funcionarios y por supuesto empieza a chocar. Cuando se empiezan a fijar en aquel lugar ya habían pasado un grupo importante de artistas, sobre todo de escritores, pintores, y la prensa, que siempre ha aceptado “El Mejunje”. Al empezar la primera crisis con la directora, el periódico Vanguardia escribe sobre el lugar, destacando la importancia de no perder el espacio. Finalmente deciden que “El Mejunje” no puede seguirse haciendo en el Guiñol porque este era un lugar de teatro para niños, y no podía haber actividades de otro tipo, por lo tanto tiene que dejar de existir.

 

– ¿Por qué “El Mejunje”?

Después de salir del Guiñol me ofrecieron un lugar que está detrás del teatro La Caridad. Eran unas ruinas también, pero había una parte que conservaba el techo donde se ubicaban los servicios técnicos de cultura, y un patio grandísimo. Paso “El Mejunje”, que no era Mejunje todavía para allí y poco a poco se va convirtiendo en un sitio popular, se va sumando mucha gente, comienza toda esta historia de los graffiti, por personas muy vinculadas a ellos. Estaban escritos en carteles que luego se pegaban a las paredes y también se empiezan a escribir las paredes.

 

Algunos graffitis

Si después de hacer el amor da las gracias, eso es educación sexual…

Después de mi, fa…

 

Ahí empiezo a repartir una infusión de hierbas que yo hacía y la daba a las 12 de la noche. Un día, un humorista que trabajaba aquí, entre los tantos carteles que llevó había uno que decía “El Mejunje de Silverio”. A partir de ahí es que empieza a llamarse Mejunje, que se pone por la infusión que se repartía. Después me doy cuenta que me hubiera pasado años buscando un nombre y nunca hubiera encontrado un nombre que definiera tanto el espacio. El Mejunje es una mezcla y esto era una mezcla.

 

– ¿Cuáles eran las principales características de “El Mejunje” que lo convertían en un lugar diferente?

Había gente que todos los sábados hacía un mural en las paredes empapeladas del fondo. Allí se armaba un espectáculo siempre. Tenías la opción de sentarte en el piso, aún no había sillas, y ver el espectáculo o seguir para aquel patio grande a conversar.

Esa fue una etapa grande del Mejunje. Una etapa popular donde comienza a vincularse la gente, a conocerse, hasta llegar a un punto donde no cabían. Fue la etapa en que hicimos socios, dimos credenciales, que la gente conserva todavía como muchísimo amor y nostalgia. Pasaron muchos artistas importantes por allí en esa etapa. Nos mantuvimos en ese lugar un año haciendo la noche del sábado solamente.

Después de aquel espacio, donde El Mejunje toma este desenfado y las características que ha mantenido hasta hoy, viene toda una campaña en contra del lugar, decían que se podía derrumbar y que las personas corrían peligro. Me ofrecieron como salida el patio de la Biblioteca Martí que yo había rechazado porque era una institución con otras características y no tenía nada que ver con lo que yo hacía; pero finalmente nos trasladamos para allá. Esa etapa de “El Mejunje” no fue muy buena porque era muy frío el espacio, pero pasaron cosas importantes, se vinculaban artistas reconocidos, fue una etapa rica pero sin el alma de los graffiti.

Un día dejé de hacerlo allí y puse un cartel en la puerta: “Cesado. Para mis amigos estoy en mi casa”. Comenzó una etapa de dos años donde El Mejunje deja de hacerse, aunque algunas veces nos reuníamos en mi casa; pero eran menos personas: amigos, conocidos…

 

– ¿Cómo llega a este lugar?

Hay algunos empeños de aceptar el espacio y hacerlo. Incluso por radio se intentó hacer un programa radial, pero no resultó. Se acabó el Mejunje, pero los jóvenes y artistas comenzaron a plantearlo en las distintas reuniones. En el año 91, Humberto Rodríguez nos dio este lugar, que era un solar destartalado. Aquí no había nada, cuando llegamos era un monte, hacía 15 años que se había derrumbado. Un domingo rojo se hizo un trabajo voluntario, se recogió la basura, se botó lo que se pudo, sacamos los escombros, apisonamos el piso y construimos algunas cositas.

Lo inauguramos con gomas de carro. Las poníamos en el piso de asiento; pero había gomas de carros, de camiones. La gente trasladaba las gomas de lugar, buscaban bancos; pero estas gomas no eran muy funcionales porque cuando llovía se llenaban de agua. Finalmente se hicieron las gradas. Las que hay ahora son de Teatro Escambray.

El Mejunje pasa de tener una programación los sábados a tener una programación diaria. Se fueron integrando más personas.

 

– ¿Qué tipo de personas?

Algunos grupos marginales que veían aquí un nuevo espacio. Sobre todo los roqueros, que eran diferentes a los roqueros de ahora. Eran personas más bien nómadas. Después viene el SIDA y muchos de estos roqueros mueren. Cuando empieza el sanatorio para enfermos de SIDA, El Mejunje comienza a vincularse con ellos enseguida. Por el rechazo que sufrían, ellos vienen a pedirme un espacio en este lugar. A partir de ahí comienzan los vínculos. Llevábamos espectáculos al sanatorio, ellos vienen para acá y surge así todo el movimiento de trasvestis. Muchos de estos enfermos comienzan a trabajar como trasvesti. El caso de Samantha o Humberto es muy conocido. Humberto se convierte en una gran estrella. Hacía ese personaje que marcó una pauta, incluso venían artistas de todo el país a ver el show de Samantha.

 

– ¿Cómo influyó “El Mejunje” en la vida de estas personas?

A partir de este espacio ellos encontraron un motivo para vivir. Estaban vinculados con el movimiento artístico y se sintieron verdaderos artistas. Cuando miro las fotos de esa época no existe casi nadie. Ya todas esas personas se fueron del sanatorio, volvieron a sus casas, retomaron su trabajo. Desde entonces “El Mejunje” corrió todos esos riesgos. Aquí hicieron cosas buenas y malas, pero logramos que fueran mejores personas.

También tenemos enfermos trabajando aquí; pero el hecho de trabajar en un lugar donde la gente tiene un concepto distinto de la enfermedad hace que no piensen nunca ni en la muerte, ni se sienta rechazado.

La gente viene aquí buscando ayuda, buscando comprensión. Los atendemos siempre de manera muy especial.

Después que surgió “Fresa y chocolate” la gente se puso muy a tono con los homosexuales. Se dieron cuenta que existían. Pero ya “El Mejunje” llevaba 10 años trabajando con homosexuales. Ahora la juventud le da apoyo al rock, pero ya nosotros llevamos muchísimos años trabajando con ellos.

 

– ¿Cómo insertan la prevención de las enfermedades de transmisión sexual en el espacio de “El Mejunje”?

El Centro de Prevención de las ITS desarrolló un trabajo en este lugar. Capacitaron a los trabajadores de aquí como promotores de salud, se creó un hábito de pedir el preservativo y creo que la gente ha adquirido un poco de conocimiento a partir de esta campaña. Lo importante es sacar la prevención de un programa específico e integrarlo a la vida.

Ellos han logrado que esas personas eleven su autoestima, que se sientan respetados y no rechazados. Aquí siempre han encontrado comprensión, aún cuando a veces su actitud no ha sido la mejor; pero hemos ido ganando poco a poco. Al principio eran indisciplinados, ahora no, incluso cuidan el espacio de los nuevos que llegan. Ya comienzan a sentir este como su espacio, y saben que el peor castigo que se les puede poner aquí es expulsarlos. Aquí han trabajado, aquí han sido felices, aquí se les ha elevado su autoestima, a pesar de que el lugar ha sido rechazado.

“El Mejunje” ha tenido un impacto social en la ciudad de Santa Clara… La ha convertido en una ciudad tolerante, ha logrado la reconciliación de las familias con los homosexuales, con los trasvestis, a partir de que han venido aquí, los han visto trabajando. Ahora los padres, los hermanos vienen aquí, ven el show, les cosen las ropas, los ayudan.

Hoy en Santa Clara nada de esto es tabú. La gente lo ve como una cosa normal, y el Mejunje ha contribuido a que haya ese criterio, que exista esa tolerancia y aceptación. Lo que no se explica la gente es por qué en Santa Clara sí y en otros lugares, no. Este es un sitio humano, donde todo el mundo se siente tratado, pero que se realiza de una manera muy espontánea, nada está forzado.

Written by Elaine Díaz

mayo 6, 2008 a 9:15 pm

Publicado en Lugares y gente

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11 comentarios

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  1. por ahi anda una foto mia en facebook del mejunje, es un lugar simpatico

    alejandro

    mayo 9, 2008 at 3:01 pm

  2. alejandro,
    envía tus fotos para crear una galería en el blog. Si recuerdas alguno de los graffitis, también sería interesantísimo recopilarlos. A mí, me sorprendieron mucho, sobre todo aquellos más ocurrentes.

    Elaine Díaz

    mayo 9, 2008 at 6:44 pm

  3. estan en este album del facebook

    http://www.facebook.com/album.php?aid=22564&l=1d8c2&id=588368211

    en una pared hay un pajarito pintado que dice “voy volando para el mejunje” (metáfora obvia). Al lado creo que hay un cartel que rodea a una dentadura y reza “quien es capaz de reir cuando las cosas estan saliendo mal… es porque ya tiene pensado a quien echarle LA CULPA”, jejejeje

    es un lugar muy simpatico

    alejandro

    mayo 9, 2008 at 6:59 pm

  4. no recuerdo esas que dices. Pero ayúdame con la memoria, antes de entrar al baño hay alguno que dice: NO PASE SI ES VIRGEN
    y hay otro relacionado con la carreta que hala los bueyes…
    bajaré las fotos para, junto a las mías, crear la galería

    Elaine Díaz

    mayo 9, 2008 at 7:03 pm

  5. Alejandro,
    Ahora todo el mundo habla de El Mejunje, pero estuvo muchos años en la oscuridad.
    Montaré la galería de imágenes con las poquitas fotos que tengo y otras que vaya recuperando por la web.
    También me gustaría comenzar a recolectar los blogs hechos desde Cuba para enlazarlos desde mi página. Si sabes de algunos, envíame la dirección

    Elaine Díaz

    mayo 13, 2008 at 9:01 pm

  6. ELY!!!
    Por casualidad encontré esta página y me ha encantado!! Recordar el viaje a Villa Clara a partir de la entrevista a Silverio fue maravilloso…Gracias por esta sorpresa…
    Un abrazo, Diana

    Diana Rosa

    junio 8, 2008 at 7:34 pm

  7. Uy Elaine, me has transportado.
    Yo visitaba el Mejunje en la época de las gomas de carros. Inicios del período especial.
    Cuando desprohibieron el dólar mucha gente dejó de ir.

    100 % Gusano

    enero 23, 2009 at 11:17 pm

  8. En un lugar de Villa Clara de cuyo nombre no quiero acordarme nace un hidalgo de afilada nariz,dulce mirada y figura encorbada, crece el hidalgo en amor y estatura, se hace maestro mas que en ciencias en la propia vida,con amor y ensueno crea el hidalgo su propia armadura,y aun cabalga airoso por la inmensa llanura de formalismos, restrcciones y tabues, derribando dogmas como viejos molinos :sigue mi hidalgo defendiendo suenos, sigue sobre Rosin tu largo camino, que ni los palos que te dio la vida te detengan andar,”te seguimos”……

    JULIO VAZQUEZ

    abril 10, 2009 at 12:53 pm

  9. Me gusto el mejunge, son buenas su gete alguien se acuerda del portero Maria jajajaja, uno de los grafitis dice Proibido Proibir ese me gusta

    Jessica

    mayo 15, 2010 at 11:59 pm

  10. elaine… del mejunje quizás todo el mundo habla ahora y fue desconocido para otros, pero en santa clara el mejunje ha dado duro desde que surgió… para los santaclareños ha sido siempre un lugar importante… quisiera añadir como criterio que el éxito del mejunje está en la inclusión respetuosa de todo el que va allí, y la capacidad de su director de admitir y escuchar criterios para abrir un nuevo espacio… por ejemplo, la trova santaclareña tiene un proyecto allí que cumplió ya 10 años, cada jueves se reúnen trovadores jóvenes a hacer su obra y compartirla… pero hay espacio para el rock, para los juegos de mesa, la música house, la música de la década, el feeling, el teatro, la trova tradicional… o sea, no es ni mucho menos, un club gay como lo han caracterizado muchos… tiene un día que es el sábado y es el día de ellos y el que quiera ir que vaya… si hoy mi ciudad es más tolerante y su gente mejor, se debe en gran medida a este lugar y lo digo con todos los problemas y críticas que se le puedan hacer al mejunje, porque ninguna obra humana es perfecta… ahora, yo recomendaría no imitarlo porque fracasaría… hay que imitar el espíritu en qué nació que quizás pueda ser aplicable en otro lugar, pero recuérdese siempre que fue espontáneo, no orientado y si bien hoy es un lugar de referencia en la ciudad y el gobierno digamos así lo tiene aunque no le guste completamente, no fue algo que gozara de apoyo, sino que más bien le dieron de largo para ver si se moría, afortunadamente no fue así y dure mucho… mi duda es si durará más allá de la vida de silverio y no le deseo nada malo, por dios!… que siga así, trabajando por el bien de todos, pero mucho del espíritu de este lugar es él… no sé si así lo captaron o sintieron ustedes… y repito: ya es mucho más que un lugar de homosexuales y travestis, pero mucho más!… creo que en ese sentido, mi modesta opinión, ellos han demostrado más tolerancia que la que demostramos los heterosexuales con ellos… es mi modesta opinión, el mejunje siempre despertará pasiones encontradas por muchos motivos…

    camarero

    diciembre 6, 2011 at 1:08 pm


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