La Polémica Digital

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Tirarse

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Son las once y media de la noche y ellos no van a dejar que me duerma. Aunque me importe poco si terminan finalmente tirándose o no. Lo de ellos es jugar dominó y pararse frente al cartel de Industriales campeón de la esquina a hablar siempre de lo mismo. Dicen que para tirarse hay que saber nadar, porque, ya sabes, “si coges a Jorgito y lo metes en la playita de 26 o en una piscina se ahoga”. Pero al que grita más alto no le late aquello de una lancha, “ni aunque sea una cigarreta, lo mío es el avión, que es, compañeros, el medio de transporte más seguro”.

Ellos no se van a callar. Están dando una conferencia del emigrante desesperado para todo el CDR, aunque no haya sido formalmente establecido el horario. “Pero, caballero, hay que estar aquí… El que sabe nadar, sabe nadar”. Y alguien le grita que no joda, que el mar de noche es del carajo y que “uno se muere así de fácil, ¿oíste?” Chasquea los dedos. Y luego pasan al cansancio. El cansancio de las brazadas. “Porque por muy cansado que tú estés, si ves el Yuma a una cuadra, empiezas a nadar que aquello no tiene nombre”.

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Written by Elaine Díaz

noviembre 27, 2013 at 11:21 am

Publicado en Comentario

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Amén

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“Órenle a Dios, al verdadero, pa que les dé la bendición. Órenle al verdadero Dios, pa que vean”. “Cállate, Carmita”. “Órenle, órenle”. “Oe, que te callessssssssssssssssssssssssss”. “No hable así que usté tiene familia, órenle a Dios, órenle”. “Manda pinga la vieja loca esta, cállate, Carmitaaaaaaaaa”. Party Rock is in the house tonight. “Cógelo, cógelo, cógelo”.

La gritería y los rezos se confunden con la música del agro. Cógelo, cógelo, cógelo se escucha ya a lo lejos. “Eso es una cadena”, pienso. Desde el portal confirmo mis sospechas. Una señora de mediana edad se aleja con la blusa rota. Llama desesperadamente desde su celular. Ni idea de a quién. La calle está repleta de curiosos que intentan detener al adolescente que ha robado la cadena y se ha perdido en el laberinto de pasillos del Sevillano. Leer el resto de esta entrada »

Written by Elaine Díaz

septiembre 9, 2013 at 10:42 am

Publicado en Viñetas

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Impotencia

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Pestañeo. Vuelvo a hacerlo con más fuerza. El ardor no desaparece, se hace más intenso cada vez. El reflejo me devuelve una masa blanca avanzando hacia la pupila. Vuelvo a pestañear. Sigue doliendo. Avanzo algunos pasos y la claridad me molesta. Está oscureciendo. El dolor se calma. Unas líneas rojas se funden ahora con la masa blanca y la pupila negra. Leer el resto de esta entrada »

Written by Elaine Díaz

abril 12, 2011 at 8:00 pm

Publicado en Crónicas

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No recuerdo cuántas cuadras seguidas caminé. Desde Carlos III hasta 23 y J, pasando por Infanta, subiendo por San Lázaro, Hotel Colina, Habana Libre, Coppelia, 23 y J. Y luego La Víbora, Habana Vieja, Guanabo, Campo Florido, la nada. La caja estaba allí, entre mis manos, la miraba una y otra vez, como si con cada parpadeo fuera a desaparecer. Me costaba creerlo pero, lo peor, por mucho, era explicarlo.

Pedaleé casi un kilómetro. Repasaba mis palabras. “Esto llegó por Internet, un cubano en el chat me pidió mi número de identidad para enviárselo a ustedes, el chat es algo donde usted puede conversar con alguien por una computadora… Internet es…mmm… no, no es algo para enviar y recibir cosas, pero sirve también para eso, para ayudar”. Paré de pensar. Nunca encontraría las palabras exactas para explicarlo.

“¿Sabe dónde viven Juana y Raúl?”. El sudor transparentaba sus arrugas. “Sí, mija, dejaste el camino, sigue por la carretera y en aquella entrada, al final, hay tres casas de tabla de palma, la que está virada de lado es la de Raúl, él está ahí ahora”. En ese momento sentí miedo. La idea de estar llevando unos “zapaticos de rosa modernos” me aterraba. Seguí pedaleando. Leer el resto de esta entrada »

Written by Elaine Díaz

marzo 29, 2011 at 2:39 pm

Publicado en Crónicas

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Gerentes del papel

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Un nuevo tipo de discriminación asoma en la Cuba del siglo XXI. El gradual reconocimiento de la comunidad LGTB y la aceptación de la discriminación racial existente en la Isla en espacios oficiales como la Mesa Redonda suponían avances trascendentales en la inclusión de sectores hasta el momento poco representados. Sin embargo, la burocracia, cáncer en estado avanzado de nuestra sociedad, reina jubilosa sobre el Quinto Poder: el derecho al papel.

Su nombre es Raúl Moraga Gómez. Otro anónimo paciente de cáncer en la garganta para los archivos clínicos de su hospital. Un “casito” más para los trabajadores sociales. El prescindible trabajador de la cooperativa (luego de que enfermara) para el director de Nueva Aurora. Uno menos en la lista, para los encargados de repartir los materiales para la construcción de viviendas como parte de los acuerdos con los cooperativistas. “El muchacho de la batidora”, según los representantes del ¿poder popular? Y el “hijito” que se le va a morir si la casa se sigue mojando, para su anciana madre Juana Moraga Gómez.

Después de 5 años dedicados a la producción agrícola para garantizar la subsistencia de cientos de personas en nuestro importador país, Raúl Moragas se enfermó y ya no pudo volver al campo. No fue jubilado por su centro laboral y su nombre desapareció sin dejar rastro de los archivos de construcción de viviendas. Abandonado a su suerte, Seguridad Social dictaminó que con 147 pesos podría vivir. La casa prometida y tantas veces soñada se esfumó, dejando en su lugar un manojo de tablas y goteras donde sobrevivir.

Raúl apenas puede tragar algunos alimentos. Su madre, enferma también, machaca una y otra vez la comida mientras confiesa que ni siquiera tienen una batidora. Sumando el salario de ambos y sin comprar nada más, aún deberían esperar tres meses para poderla adquirir según los precios actuales. “En el Poder Popular me prometieron que me venderían una más barata”, cuenta mientras aprieta las manos para lidiar con el nerviosismo o la ira. “Pero de eso hace ya dos años”.

Cada Consejo de la Administración Municipal cuenta con un fondo para “casos críticos”. Aunque la definición de “casos críticos” padece de ambigüedad crónica, supuse que Raúl reunía todos los requisitos necesarios para ser considerado como tal. Hacía ya dos meses una niña huérfana había recibido todos los materiales que necesitaba para ir a la escuela, incluyendo ropa, zapatos y una mochila nueva. Otra niña, con retraso mental, había sido atendida con igual esmero. Si Raúl era incluido en la lista podría incluso tener su batidora.

Pero no corrió con la misma suerte. Para ser añadido a la lista de casos críticos debía presentar la propiedad de su casa y la Unidad Municipal de Vivienda no iba a declarar “habitable” un espacio donde solo quedaba un manojo de tablas. Su mísera pensión apenas alcanzaba para comprar un saco de cemento al mes, por tanto, las goteras continuarían siendo parte de su vida cotidiana. Sin posibilidades reales de tener algún el papel que lo acreditaba como propietario de aquel bulto de tablas, Raúl no podía ser considerado un “caso crítico”. Había sido abandonado a su suerte por los representantes del ente abstracto llamado “pueblo”.

Solos, Raúl y Juana rezan cada noche porque la lluvia se aleje y la neblina sea menos dura. Las manos de la anciana continúan triturando los alimentos hasta que la garganta de su hijo se niegue a seguir luchando. Desde la televisión de una casa cercana escuchan al presidente de su país anunciando la eliminación de subsidios innecesarios. “Dejaremos de subsidiar productos para subsidiar personas”, anuncia Raúl Castro. Un rayo de esperanza alumbra sus ojos… Juana espera que su hijo aguante con vida la conversión en realidad de estas palabras.

A más de un kilómetro de distancia el fantasma de un papel me despierta en la madrugada. Un papel gigante que ríe, se burla señalando el televisor, danza por encima de las mesas de funcionario apócrifos y reta en duelo a muerte a Raúl y Juana Moragas, al presidente y a mí; absolutamente seguro de su próxima victoria.

Written by Elaine Díaz

marzo 17, 2011 at 12:28 pm

Publicado en Crónicas

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