Entradas etiquetadas ‘grupos electrógenos’
Sin salida
“Me voy”
“¿A dónde?”
“No lo sé, aún…”
“¿Estás seguro?”
“No”
“Quédate entonces”
“¿Para qué?”
“No lo sé, aún…”
Un cartel con letras chapuceras escritas a mano ocupa la puerta de su casa. “Se vende”, reza. Un cuarto de siglo ha pasado por su rostro. No exactamente. Apenas algunos meses desde la última vez que nos encontramos. “Lo siento, creo que les fallé, creí que podía pero ellos ganaron, igual renuncio, aunque no sé si les sirva de consuelo”. “Hiciste lo que pudiste y, por primera vez en cinco años, sentí que podíamos ganar”. “De cualquier forma no fue suficiente”. “Fue más que nada”.
Reviso nuevamente el cartel en la puerta de su casa. Su hija tose. La conversación termina. Han encendido los grupos electrógenos. Dieciséis baterías despiden humo. Las puertas se cierran una tras otra. Las madres corren a recoger la ropa de las tendederas. Alberto mira desconsolado los pastos, antes verdísimos y vuelve a sentir miedo del próximo derrame de petróleo que envenenará sus vacas. El apacible domingo vespertino ha finalizado. En la radio, el locutor de algún programa regaña a la ciudadanía irrespetuosa que provoca ruidos innecesarios por cuenta propia.
En septiembre cumplirá seis años el emplazamiento de generación distribuida ubicado en la Carretera del Comino, perteneciente al Consejo Popular de Campo Florido, en el municipio La Habana del Este. En octubre habrán pasado seis años de aquella primera carta enviada al Jefe de Atención a la Población del Consejo de Estado y a la entonces ministra de la industria básica Yadira García alertando sobre el “ruido permanente, insoportable, que causa malestar, irritación, dolores de cabeza” y obliga a más de 600 personas a “vivir a puertas cerradas y sin poder ver el televisor o escuchar música”.
En diciembre se cumplirán dos años del envío de la primera carta de denuncia de esta situación a Granma sin que hasta la fecha haya sido considerada digna de publicación. En abril del próximo año celebraremos el primer aniversario de la “renuncia” de la presidenta de la Asamblea Municipal del Poder Popular de la Habana del Este, última receptora del informe pormenorizado de daños ocasionados por los grupos electrógenos.
Algún día inexacto de un futuro cercano se cumplirán igualmente años de la ejecución del último estudio de impacto ambiental cuyos resultados tampoco fueron compartidos con la población o el gobierno local. Las pipas de petróleo continúan desafiando a la población y entran victoriosas por la destruida carretera interna del pueblo para abastecer las dieciséis baterías.
En julio habrán pasado quince años de la aprobación de la Ley 81 del Medio Ambiente. La misma legislación que regula en su artículo 24:
“toda actividad susceptible de producir efectos significativos sobre el medio ambiente o que requiera de un debido control a los efectos del cumplimiento de lo establecido por la legislación ambiental vigente, estará sujeta al otorgamiento de una licencia ambiental por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de conformidad con lo que al respecto estipule ese organismo, quien establecerá asimismo los tipos y modalidades de dicha licencia”.
En diciembre, la ingeniera Msc. Andrea Guntín Pombo, representante del CITMA en este municipio en el año 2006 quizás no recuerde cuando le comunicó a la presidenta de la Asamblea Municipal (que casualmente también “renunció”) y al director de la Organización Básica Eléctrica que este Grupo Electrógeno no había sido aprobado por la Delegación Provincial del CITMA, por lo cual se debía tramitar la documentación requerida para su debida legalización presentando la solicitud de Microlocalización en la Dirección Provincial de Planificación Física y la Licencia Ambiental en la Delegación Provincial del CITMA.
Dentro de una semana, habrán pasado dos años desde que pedí en una denuncia pormenorizada enviada a la Asamblea Municipal del Poder Popular de Habana del Este
1. “La suspensión del funcionamiento del emplazamiento de generación distribuida ubicado en la Carretera del Comino, perteneciente al Consejo Popular de Campo Florido, conforme a lo estipulado en el artículo 26 de la Ley 81 de Medio Ambiente hasta tanto no se obtenga la licencia ambiental requerida de manera obligatoria para ejecutar obras de este tipo”.
2. “El establecimiento de una demanda judicial al organismo ejecutor por contravenciones a la ley 81 del Medio Ambiente. Esto incluiría: a. El pago por parte del organismo ejecutor de las multas correspondientes al inciso a) del artículo 5 del Decreto Ley 19 del año 2000 por contravenciones en materia de Licencia Ambiental. b. El pago por parte del organismo ejecutor de las multas correspondientes a los incisos a) y b) del artículo 11 del Decreto Ley 19 del año 2000 por contravenciones respecto a ruidos y vibraciones y c. El pago por parte del organismo ejecutor de las multas correspondientes al inciso a) del artículo 12 del Decreto Ley 19 del año 2000 por contravenciones en la emisión de gases tóxicos”.
Es domingo y solo algunos tercos insisten en recordar la habitual tranquilidad que alguna vez existió en Campo Florido. Afuera, las dieciséis baterías se preparan para continuar con su canto triunfal. Las puertas suenan, chillan, el enojo corre de boca en boca. Pero nada tiene que temer la gloriosa Revolución Energética. Los que ayer iban a morir por ti, hoy se mudan…
Cuando las cartas no llegan III
Los grupos electrógenos que funcionan con Diesel son motores de combustión interna que durante su funcionamiento desprenden sustancias tóxicas tales como óxidos de nitrógeno, hollín, monóxido de carbono, hidrocarburos, compuestos de azufre y plomo. Corresponde entonces al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y otras instituciones velar por la adecuada utilización de estos recursos.
Por este motivo, queda regulado en el artículo 118 de la Ley 81 que
el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, en coordinación con el Ministerio de Salud Pública y demás órganos y organismos competentes, establecerá o propondrá, según corresponda y velará por el cumplimiento de las disposiciones relativas a:
a) La calidad del aire
b) Los niveles permisibles de concentración de sustancias aisladas o en combinación y de partículas capaces de causar molestias, perjuicios o deterioro en los bienes y en la salud humana, animal y vegetal. Leer el resto de esta entrada »
Cuando las cartas no llegan II
Su nombre es Lilieth. Tiene dos años y caminaba por la destruida calle interna del pueblo cuando la encontré. Ocho baterías de los grupos electrógenos estaban encendidas en ese momento. Apunté la cámara de fotografías en su dirección y la niña se paró al instante. Sabedora de la atención que ganaba comenzó a adoptar las posiciones que seguramente había usado en cientos de fotos anteriores.
Le expliqué a su madre que estaba entrevistándome con los vecinos para saber sus opiniones sobre el emplazamiento. La cara de Yuliet se transformó en una mueca y, después de unos segundos, le preguntó a la niña “Lili, ¿dónde están los electrógenos?”. La pequeña alzó los dedos, apuntó en la dirección correcta y se llevó las manos a los oídos. Yuliet se alejó convencida de que esa respuesta había sido suficiente.
El ruido provocado por la instalación del emplazamiento se ha convertido en uno de los aspectos que más afecta a la población residente en el lugar. En el artículo 147 de la Ley 81,
queda prohibido emitir, verter o descargar sustancias o disponer desechos, producir sonidos, ruidos, olores, vibraciones y otros factores físicos que afecten o puedan afectar a la salud humana o dañar la calidad de vida de la población.
En varias de las cartas enviadas por los vecinos a diferentes autoridades durante el período comprendido entre los años 2006 y 2010 se señalan afectaciones a la salud provocadas por la exposición a estos altos decibeles como son: dolor de cabeza, pérdida de la audición, pérdida del sueño y alteraciones nerviosas, entre otros. Leer el resto de esta entrada »
Cuando las cartas no llegan I
Aquella noche la luz del camino se había roto. Caminé por el trillo hasta mi casa con la certeza de quien lo conoce de memoria. Algunas voces cercanas ratificaron mi sospecha. “Hay visita”. Recé infinitamente para que no estuvieran esperando por mí. Apenas sonó la reja y alguien se asomó para confirmarme que “unos hombres querían hablarme”.
No hubo tiempo para quitarse el bolso, tomar agua o decirle a mi mamá que ya estaba allí. Tampoco para saludos protocolares. Aquellos que esperaban, papeles en mano, comenzaron a narrar su historia con el desespero propio de cuatro años de rabia contenida. Cada pocos minutos, con mirada afligida, pedían disculpas por la hora, por el tiempo robado. “No podemos más”, fueron sus últimas palabras antes de despedirse. Leer el resto de esta entrada »