La Polémica Digital

Espacio para debatir sobre Cuba

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Ruidos

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Los residentes de este barrio sienten la necesidad imperiosa de crear sus propios sonidos, quizás como huella local distintiva de otras zonas residenciales. La repetición de los mismos códigos diariamente te permite prescindir del reloj como tecnología de ubicación temporal. Pasada la una de la tarde, el tamalero atormenta tus oídos con su pregón, al que le incluye una suerte de rumba de Estadio Latinoamericano cuando gana Industriales. Tan-tan-ta-tan-tan… tan-tan-ta-tan-tan. Presumo que es un palo y una cazuela.

Si logras sobrevivir hasta las dos, notarás el aumento progresivo del volumen de la música en el agromercado. A estos compañeros vendedores de alimentos, aburridísimos con sus precios inalcanzables, hay que reconocerles el esfuerzo por regalarnos un repertorio variado. Te guste o no, “seguro que necesitas, agua bendita” en la tarde. Las mañanas son para los Abba y el cierre para el reggaetón – dice Word que se escribe así, yo ni idea -. De lunes a viernes incluso tenemos una cassette de chistes. Nada nuevo, los mismos pujos que escuchaban los cubanos cuando la walkman, que inauguró la era del consumo individual de ruidos insoportables o música según convenga, era apenas un sueño. Leer el resto de esta entrada »

Written by Elaine Díaz

octubre 19, 2013 at 1:49 pm

Publicado en Crónicas

Nota de audio 3

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Leer primero Nota de audio 4

Cuando él vino a Cuba le pedí una entrevista. Yo quería escuchar la historia de un balsero y estaba dispuesta a lograrlo con la mezcla de empecinamiento que sale de los Díaz y los Rodríguez, una bomba de tiempo cuando de mal genio y tozudez se trata. Mi tío me dio de largo, se fue a dar unos tragos, a alquilar el carro que toca y a comprar par de cositas para la familia como corresponde a cualquiera que venga de visita desde Miami. En aquel momento, para mí Miami era un vacío mental. O quizás una caja. La caja donde estaba Arianna, mi mejor amiguita de cuarto grado; mi tío el balsero; mis tres primas, supervivientes cruzadoras de la frontera mexicana y par de personas más.

Por eso, cuando tuve la dichosa visa de los Estados Unidos en la mano, supe que me quedaría al menos una semana en Miami, y que alguna noche, después de las cervezas de rigor, lograría sacarle a mi tío cómo fueron esos ocho días en el mar; porque estaban los balseros que salieron escondidos por El Cayuelo, una zona ríspida cerca de Brisas del Mar y los balseros legales, aquellos que llenaron las playas a plena luz del día cuando Fidel levantó el banderín. Mi tío pertenecía al grupo que puso los ahogados antes de que sonara la corneta oficial de arrancada.

Ocho días después, sin comida y fritos por el sol, un barco estadounidense recogió a 17 hombres en el mar a 30 kilómetros de Estados Unidos y la buena-para-nada emisora Radio Martí cumplió quizás la única función decorosa que ha tenido en su vida: leer los nombres de los que llegaban. Nunca como en aquella época se sintonizó esa radioemisora. Mi abuela, muerta de vieja y de miedo, buscaba en su aparato de onda corta los reportes sobre “lo mala que estaba la cosa en Cuba” para ver si escuchaba el nombre de su hijo. Una tarde lo leyeron clarito. “Está vivo”, fue lo único que atinó a decir. Y ya eso era suficiente.

Casi veinte años después, aterricé yo en el Aeropuerto Internacional de Miami. Venía absolutamente deslumbrada con Boston, una ciudad universitaria donde sientes que el talento está por todos lados y que tienes derecho a alguna cuota de genialidad. Una sensación que se apaga cuando aterrizas en la ciudad de los malls rectangulares. Un espacio asfixiante y conservador que solo cambió de tonalidad cuando mi tío parqueó su camioneta vieja en pleno aeropuerto, montó mi maleta y arrancó para un buffet chino.

Y yo sin hambre y él insistiendo en que aprovechara y yo queriendo arroz con frijoles y el que camarones y langostas y yo que helado y listo. Hasta que paramos en un mercado barato y compré mis frijoles y cogí un mamey en fruta que mi tío cambió por un nylon congelado que terminaría no sabiendo ni a mamey ni a nada. Allí hice mis primeros frijoles negros después de once días y me supieron igualitos que en La Habana; porque a la gente la nostalgia les da por hablar mierda y se ponen a decir que si los tomates y la lechuga y los frijoles no saben igual. Pshh. Todo estaba igual de bueno si sabías prepararlo bien. Menos el mamey congelado, claro; que de verdad violaba algunos derechos humanos.

Mi tío no quiso hablar esa noche, ni a la noche siguiente, ni los nueves días restantes antes de irme. Yo tampoco le pregunté; porque uno tiene que saber interpretar los silencios y los dolores de cada cual. Dicen en Miami que los balseros nunca cuentan su historia; porque estar en el mar de noche es tan terrible, que el solo hecho de rememorar las sensaciones de ese momento puede generarte un ataque de pánico.

El último día nos sentamos al borde del portal en un campo de trailers, que no son casas rodantes sino viviendas un poco levantadas del suelo o qué sé yo. La gente allá las identificaba al instante. Para mí todas eran más o menos iguales. Cartón, tabla y mucha serpentina. Y a mi prima se le ocurrió preguntar por Aimara y mi tío le dice que anda con un hombre que es el que la mantiene, porque él es viejo y ella jovencita. “Este mes no ha pagao la luz, imagínate que tiene un recargo de 700 pesos”. Y a mi prima le da por decirle que vio a Aimara buscando trabajo. Mi tío, que es experto, le responde que “mentira, muchacha, eso era porque se encabronó con este y cogió un espacio unos días y se perdió”.

Unos minutos después, no sé por qué, comenzó a hablar de los primeros trabajos que tuvo en Miami aquellos días en que dormía debajo de un carro. Cuando mencionó el nombre de Mas Canosa y una compañía de construcción supe que tenía una historia mejor que aquella de los sobrevivientes del Golfo de México. Saqué el celular y grabé la nota de audio 3.

Written by Elaine Díaz

octubre 16, 2013 at 8:32 am

Publicado en Crónicas

Periodismo hipermedia en Cuba: la hora de los print screen

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Dar clases de periodismo hipermedia en un país que según las estadísticas oficiales tiene un 25 por ciento de penetración de Internet es un acto de fe. O una estupidez. Depende de con cuánto cinismo se mire el asunto. Hacerlo antes de la llegada del cable de fibra óptica era menos dramático. Uno tenía las esperanzas puestas en el futuro conectado. O quizás yo era la única que le apostaba a ese futuro; mientras muchos permanecían inteligentemente escépticos. Pero había que creer en algo. Porque cuando uno trabaja enseñando estos temas debes esperar el milagro… o el pretexto.

Por eso, cuando el cable de fibra óptica pasó por el kilómetro tres y medio de Campo Florido en el año 2009 yo lloré de la emoción. Literalmente. Vi cómo abrían la carretera, me aseguré de que los constructores no se robaran ni un pedacito, hice vigilancia ciudadana – que no cederista – día y noche hasta que taparon el hueco y me fui a dormir creyendo que cuando saliera del paraíso conectado, o sea, de la escuela para chinos de Tarará a finales de junio de 2009, Cuba amanecería online.

Han pasado casi 5 años. El quinquenio de la desconexión. O el quinquenio de la conexión de dudosa procedencia. En menos de dos meses he visto aparecer y desaparecer anchos de banda increíbles, conexiones a Skype, canales en YouTube en los lugares que otros consideraron apropiados y en los momentos en que resultó oportuno. Mientras tanto, cada lunes y jueves se inaugura la hora de los print screen en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Nuestra Facultad del Wifi apenas cuenta con un canal de 512 KB/s; todo un lujo comparado con el resto de las universidades del país pero bastante deficiente para la formación profesional de estudiantes y profesores. Durante la semana, a duras penas lograrás conseguir una conexión para hacer lo básico: revisar el correo, descargar información mínima para la próxima clase, socializar, comunicarte.

La lista de espera para la conexión doméstica a Internet supera con creces las colas para los ómnibus de La Coubre en pleno periodo vacacional. El mercado negro tiene precios inalcanzables. Las embajadas están prohibidas para los revolucionarios. Nauta es una ofensa a los trabajadores estatales y los Joven Club un corralito punto cu para contentar a la opinión pública.

Lo peor, por mucho; es que uno no sabe hacia dónde mirar. Por más que revisas las estadísticas de la ONE resulta casi imposible encontrar un plan de inversiones concretas para garantizar el acceso a Internet de la ciudadanía. El tema brilla por su ausencia en el parlamento, los Consejos de Ministros y en los lineamientos del Partido Comunista de Cuba. Los esfuerzos de la Mesa Redonda por abordarlo se quedan en la punta del iceberg y cada día que pasa la desconexión es más dramática.

El sábado encontré un artículo con 105 sitios para el periodista digital. Intenté abrirlos. La conexión lenta, inalcanzable, inaprensible me permitió revisar apenas cuatro. Allí descubrí “The whale hunt”, una historia sobre la caza de ballenas contada a través de imágenes tomadas cada cinco minutos en Alaska… en 2007. Seducida por la presentación de los contenidos, la forma de materializar una idea extremadamente sencilla y la visualidad minimalista intenté llevarme el reportaje al aula. Fue en vano. Apenas conseguí la ridícula cifra de 25 capturas de pantalla luego de cuatro horas.

En ese instante supe que había gente más jodida. Uno debe superar sus dolores e intentar sacar lo mejor de ellos. Recordé entonces un blog que había iniciado en 2011: DesdeFeedDamon, una suerte de resistencia pública a la desconexión que nos rodea y decidí reabrirlo; para dejar huellas que ayuden a profesores y alumnos de nuestro país a recibir/dar mejores clases y con la esperanza de que se convierta en una comunidad de intercambio de información sobre el tema, una suerte de hermandad entre profesionales desconectados que no quieren seguir desaprendiendo. Así que supongo que este es mi propio post “promo”.

A partir de hoy, La Polémica Digital tiene un hermano público donde voy a seguir intentando construir el milagro; con la suerte de terquedad suicida de los últimos 27 años. Pero este país no debe olvidar que muchos de sus profesionales, con el cansancio histórico del futuro prometido y nunca concretado, van a apostarle al pretexto. Un pretexto que casi siempre se encuentra fuera de nuestras fronteras geográficas. Y ay de quien los juzgue.

Written by Elaine Díaz

octubre 13, 2013 at 2:31 pm

Publicado en Periodismo

Nota de audio 4

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Si Eddie no hubiera mandado aquel correo a las 12 de la noche, yo no habría recordado a Mas Canosa. Pero sucede que Eddie pidió que grabáramos un mensaje para un proyecto comunitario en Argentina que trabaja con enfermos mentales. Habían ganado una ayuda económica y estaba dando las primeras clases de podcast para hacer un programa de radio en el centro médico. Le pusieron “Radio Los Inestables” o algo parecido. Eddie quería que grabáramos un archivo de audio diciendo “Yo me llamo”, el nombre, el país y que le mandábamos saludos a los del hospital.

Normalmente no le hubiera prestado atención al correo; no por Eddie, sino porque a quién se le ocurre que uno va a poder grabar un mensaje de audio y enviarlo por correo electrónico con la conexión a Internet como estaba. Llegaba más rápido el mp3 si lo mandábamos con una paloma mensajera. A regañadientes busqué la grabadora del teléfono y, con voz de doce de la noche, dije: “Hola a la gente de Radio Los Inestables, mi nombre es Elaine Díaz, soy de Cuba y quiero mandarles un gran saludo”. Saqué la tarjeta del teléfono y la conecté a la laptop. Leer el resto de esta entrada »

Written by Elaine Díaz

octubre 11, 2013 at 10:02 pm

Publicado en Crónicas, Lugares y gente

La política de cuadros en peligro de extinción

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Pelayo Terry es un buen hombre, dedicado, laborioso, promotor del uso intensivo de las TIC y bloguero. Podría citar al menos cinco nombres al azar de profesionales que trabajan en Granma actualmente y cumplen con los requisitos anteriores. A Terry lo distinguen sus años de corresponsal de guerra en Etiopía – quizás coincidió con los años en que mi abuelo estuvo en el frente de batalla – y su tesis de maestría realizada sobre las redacciones digitales.

Cuando Pelayo fue designado como director de Juventud Rebelde, en sustitución de otro excelente profesional que marchaba a Venezuela, Rogelio Polanco, muchos nos sorprendimos. Resultaba raro que un trabajador del mismo medio, aún en su condición de subdirector del mismo, consiguiera el puesto. Estábamos habituados a la práctica del “apaga-fuegos”. Esto es, la inserción de un profesional con determinado nivel de éxito en un puesto similar para “arreglar” el trabajo anterior. Leer el resto de esta entrada »

Written by Elaine Díaz

octubre 9, 2013 at 9:32 pm

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Casi nunca comento en los blogs. Y puede parecer una ironía; porque para quien ha vivido cinco años de estudiarlos, seguirles la pista, trazar las redes que deja tras de sí la huella hipertextual en sus columnas de enlaces, que es mucho más que tempera azul; es el amigo no declarado, la lectura secreta, la complicidad grupal o, quizás, es mucho menos; pero en todo caso hay una causa que la anima; no comentar es un acto casi arrogante de paso, utilizo y dejo.

Pero nada de vanidad motiva el silencio; tiene quizás que ver con la dimensión personalísima con que se escriben los relatos, y con ese deseo de compartirlos con unos pocos; porque los blogs que suelo leer se escriben desde la necesidad de desahogo y para unos pocos. Quizás mis comentarios también responden a la misma necesidad. Leer el resto de esta entrada »

Written by Elaine Díaz

octubre 4, 2013 at 10:00 pm

Publicado en Crónicas, Lugares y gente

Atentados en Nairobi: ¿Dónde está John?

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John en Nairobi

John en Nairobi

Él es John, el taxista. Cuando en junio de 2012 inundamos Nairobi de blogueros y activistas digitales de casi todos los países del mundo él estuvo junto a nosotros. La última tarde de la cumbre de Global Voices, el grupo que cubre el Caribe hispanohablante pasó de la conferencia por unanimidad. Le pedimos a John que nos llevara a conocer la ciudad y a comprar souvenirs. Leones, jirafas y esas extranjerías.

John nos explicó cómo se compraba en los mercados. El vendedor tomaba un papel y un lápiz y te preguntaba si sabías “bargaining” y yo que “no idea” y el que “I put a number and you put a number”. John nos había avisado que no compráramos nada hasta que él viera el precio. Se encargaría de cuidarnos de los timadores locales. Algunos amigos nos decían que pusiéramos números absolutamente ridículos mientras regateábamos. Leer el resto de esta entrada »

Written by Elaine Díaz

septiembre 22, 2013 at 10:56 pm

Carta a Oscar López: la razón y la sinrazón…

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Querida Karina. Hace pocas semanas te escribí para felicitarte con motivo del día más grandioso y memorable de tu vida: a tus 22 años, te graduabas de la Universidad de Chicago.

Querido Oscar: Ayer fue el primer sábado que desperté pensando en tus cartas. Los sábados leo a Bolaño, la tesis de maestría deja poco tiempo para lo demás durante la semana. En la mañana, antes de salir de la cama, busco 2666 y ojeo algunas páginas. No muchas, para que no se termine pronto. Apenas las justas para no olvidar que mi generación aún ama el papel. Este sábado Bolaño pasó al horario del mediodía. Me levanté corriendo y El Nuevo Día aún no había actualizado. Esperé hasta las 2:44 de la tarde y allí apareció “La razón detrás de toda lucha”. Leer el resto de esta entrada »

Written by Elaine Díaz

septiembre 22, 2013 at 2:30 pm

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