La Polémica Digital

Espacio para debatir sobre Cuba

Archivo para julio 31st, 2011

Coherencia

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Ser una buena persona puede convertirse en la tarea más difícil para cualquiera que haya nacido en el reino de este mundo. Pisotear al prójimo, pasar por encima de, voltear el rostro ante el dolor ajeno suele, incluso, estar permitido entre nuestra especie y avalado científicamente por las teorías evolutivas. ¡Oh, Charles Darwin, cuántos $%&”$% proliferan en tu nombre!

Pero alcanzar la coherencia, o siquiera rozarla, suele ser una tarea incluso más extenuante. La bondad es un estilo de vida. La coherencia, una actitud. La primera depende de que le eches ganas e intentes no desviarte de la línea trazada. La segunda, de decisiones objetivas y subjetivas, internas y externas de cualquier ser humano ajeno a ti.

La coherencia está en crisis en estos tiempos. Más o menos igual que la economía, pero a la coherencia no le dedican sesiones de trabajo en el parlamento, ni más de 212 lineamientos a cumplir, ni reuniones en el CDR, ni nada. Tampoco existe un ministerio orwelliano que se encargue de reescribir la historia para que parezca, al menos, que no pululan encontronazos ilógicos en el día a día nacional.

La i-lógica, a-lógica, no-lógica, convertida en la neo-lógica. Nueva lógica de los años 2000. Lógica de los cambios en un 2011 post-congreso. Y desde la televisión, estandarte masivo de la actualización del modelo, llega el primer atentado a la coherencia nacional.

Pocos programas en la televisión se encuentran tan bien realizados artística y anímicamente como La neurona intranquila. Herencia recibida por el ICRT del excelente Canal Habana, transgresor e irreverente. Su liga juvenil, diseñada para estimular el conocimiento y la agilidad mental entre niños y jóvenes que por su edad no clasifican para el espacio de los adultos, resulta igualmente acertada.

En su sección de personajes célebres desfilaron durante la última edición Alejandro de Humboldt, Isolina Carrillo, Alejandro Dumas, todos perfectamente identificados por los tres adolescentes. Y la competencia hubiera transcurrido en la más absoluta normalidad si no hubiese aparecido un curioso personaje. Mark Zuckerberg. El amado Mark. El odiado Mark.

Quizás el guionista olvidó que entre las tareas del “niñito cubano” solo estaba –y no es poco- construir “un mundo más justo que el mundo de ayer”. Ese niñito cubano de hasta 16 años, a menos que sus padres se encuentren dentro de las categorías preferenciales de acceso a Internet, jamás habrá visitado el ciberespacio. ¡Qué decir de Facebook!

En estas condiciones, era lógico y hasta coherente, que comenzaran a titubear. “Filósofo, escritor, cosmonauta, politólogo”. Siempre podían acudir al recuerdo de la película The social network, exhibida después de La calabacita por la televisión cubana. “Cuentapropista, cederista, artista aficionado”, les faltó por decir. “Ya están adivinando”, comentó el locutor. “Científico”, gritó un niño. “Pero, ¿científico en qué?”. Y ya no pudo lanzar más piedras el muchacho. “El creador de Facebook, el creador de Facebook, el creador de Facebook”, repetía yo desde una butaca en Campo Florido.

Contemplaron la foto del hombre más influyente del mundo en el año 2010 según la revista Times con la indiferencia que le toca al absoluto desconocido. Sorry, Mark, los niñitos cubanos no saben que “you´re the CEO, bitch”. No pude evitar sentir pena. ¿Cómo se atreven?

Si esos jóvenes fueran lectores sistemáticos de la saga Facebook y la CIA  publicada en el diario Granma cíclicamente, o accedieran a ciertas lecciones aparecidas en Youtube; habrían gritado a coro la profesión más parecida a Zuckerberg según el espacio mediático cubano: T-E-R-R-O-R-I-S-T-A.

Si fueran estudiantes de Periodismo referirían el grupo donde viven, sin barreras espacio-temporales, su Facultad de Bohemia, o del intento de construcción colectiva del momentum de Los Beatles en Cuba. Hablarían de una apropiación desenfada de las nuevas tecnologías, ya sin proxys anónimos para saltarse regulaciones, y de su uso para el aprendizaje y la comunicación horizontal antes, durante y después del trabajo periodístico.

Si fueran estudiantes de la CUJAE se burlarían del Zuckerberg conocido por todos; causante de la pérdida de la cuota de 40MB de Internet por violación al código de ética de acceso a la red. Si fueran trabajadores del ICRT contarían, quizás, las oscilaciones entre “se cierra” – “se abre” de Facebook en los últimos tiempos.

¿Qué hacer con las redes sociales? ¿Qué hacer con Mark? Oh, Mark, que viniste al mundo para dar dolores de cabeza a los administradores de redes cubanos. Las instituciones cubanas aún no lo han definido, el Ministerio de Informática y Comunicaciones parece no tenerlo del todo claro. La prensa fluctúa entre el Viva Facebook (cuando se trata de los indignados de España) y Abajo Facebook (cuando se menciona la palabra Libia –entre otras).

Acaba de celebrarse un encuentro de usuarios de Twitter en La Habana y en Holguín que llegó hasta el mismísimo Washington Post. Menos del 4 % de la población cubana conoce que esta red existe –suponiendo, en un acto poco juicioso, que todos los que han navegado por Internet según la ONE hayan pasado por estas redes-.

Por favor, serios guionistas de La neurona intranquila, hasta tanto los de arriba no lleguen a un acuerdo –entre ellos, sin el concurso de nuestros modestos esfuerzos – liberen a nuestros jóvenes del bochorno de tampoco conocer a Jack Dorsey. Esto no los hace más ilustrados y solo contribuye a hacer transparente –como si ya no fuera suficiente- la incoherencia nacional en materia de Internet.

Escrito por Elaine Díaz

julio 31, 2011 a 12:10 pm

Escrito en Crónicas

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