Archivo para julio 2011
Coherencia
Ser una buena persona puede convertirse en la tarea más difícil para cualquiera que haya nacido en el reino de este mundo. Pisotear al prójimo, pasar por encima de, voltear el rostro ante el dolor ajeno suele, incluso, estar permitido entre nuestra especie y avalado científicamente por las teorías evolutivas. ¡Oh, Charles Darwin, cuántos $%&”$% proliferan en tu nombre!
Pero alcanzar la coherencia, o siquiera rozarla, suele ser una tarea incluso más extenuante. La bondad es un estilo de vida. La coherencia, una actitud. La primera depende de que le eches ganas e intentes no desviarte de la línea trazada. La segunda, de decisiones objetivas y subjetivas, internas y externas de cualquier ser humano ajeno a ti.
La coherencia está en crisis en estos tiempos. Más o menos igual que la economía, pero a la coherencia no le dedican sesiones de trabajo en el parlamento, ni más de 212 lineamientos a cumplir, ni reuniones en el CDR, ni nada. Tampoco existe un ministerio orwelliano que se encargue de reescribir la historia para que parezca, al menos, que no pululan encontronazos ilógicos en el día a día nacional.
La i-lógica, a-lógica, no-lógica, convertida en la neo-lógica. Nueva lógica de los años 2000. Lógica de los cambios en un 2011 post-congreso. Y desde la televisión, estandarte masivo de la actualización del modelo, llega el primer atentado a la coherencia nacional.
Pocos programas en la televisión se encuentran tan bien realizados artística y anímicamente como La neurona intranquila. Herencia recibida por el ICRT del excelente Canal Habana, transgresor e irreverente. Su liga juvenil, diseñada para estimular el conocimiento y la agilidad mental entre niños y jóvenes que por su edad no clasifican para el espacio de los adultos, resulta igualmente acertada.
En su sección de personajes célebres desfilaron durante la última edición Alejandro de Humboldt, Isolina Carrillo, Alejandro Dumas, todos perfectamente identificados por los tres adolescentes. Y la competencia hubiera transcurrido en la más absoluta normalidad si no hubiese aparecido un curioso personaje. Mark Zuckerberg. El amado Mark. El odiado Mark.
Quizás el guionista olvidó que entre las tareas del “niñito cubano” solo estaba –y no es poco- construir “un mundo más justo que el mundo de ayer”. Ese niñito cubano de hasta 16 años, a menos que sus padres se encuentren dentro de las categorías preferenciales de acceso a Internet, jamás habrá visitado el ciberespacio. ¡Qué decir de Facebook!
En estas condiciones, era lógico y hasta coherente, que comenzaran a titubear. “Filósofo, escritor, cosmonauta, politólogo”. Siempre podían acudir al recuerdo de la película The social network, exhibida después de La calabacita por la televisión cubana. “Cuentapropista, cederista, artista aficionado”, les faltó por decir. “Ya están adivinando”, comentó el locutor. “Científico”, gritó un niño. “Pero, ¿científico en qué?”. Y ya no pudo lanzar más piedras el muchacho. “El creador de Facebook, el creador de Facebook, el creador de Facebook”, repetía yo desde una butaca en Campo Florido.
Contemplaron la foto del hombre más influyente del mundo en el año 2010 según la revista Times con la indiferencia que le toca al absoluto desconocido. Sorry, Mark, los niñitos cubanos no saben que “you´re the CEO, bitch”. No pude evitar sentir pena. ¿Cómo se atreven?
Si esos jóvenes fueran lectores sistemáticos de la saga Facebook y la CIA publicada en el diario Granma cíclicamente, o accedieran a ciertas lecciones aparecidas en Youtube; habrían gritado a coro la profesión más parecida a Zuckerberg según el espacio mediático cubano: T-E-R-R-O-R-I-S-T-A.
Si fueran estudiantes de Periodismo referirían el grupo donde viven, sin barreras espacio-temporales, su Facultad de Bohemia, o del intento de construcción colectiva del momentum de Los Beatles en Cuba. Hablarían de una apropiación desenfada de las nuevas tecnologías, ya sin proxys anónimos para saltarse regulaciones, y de su uso para el aprendizaje y la comunicación horizontal antes, durante y después del trabajo periodístico.
Si fueran estudiantes de la CUJAE se burlarían del Zuckerberg conocido por todos; causante de la pérdida de la cuota de 40MB de Internet por violación al código de ética de acceso a la red. Si fueran trabajadores del ICRT contarían, quizás, las oscilaciones entre “se cierra” – “se abre” de Facebook en los últimos tiempos.
¿Qué hacer con las redes sociales? ¿Qué hacer con Mark? Oh, Mark, que viniste al mundo para dar dolores de cabeza a los administradores de redes cubanos. Las instituciones cubanas aún no lo han definido, el Ministerio de Informática y Comunicaciones parece no tenerlo del todo claro. La prensa fluctúa entre el Viva Facebook (cuando se trata de los indignados de España) y Abajo Facebook (cuando se menciona la palabra Libia –entre otras).
Acaba de celebrarse un encuentro de usuarios de Twitter en La Habana y en Holguín que llegó hasta el mismísimo Washington Post. Menos del 4 % de la población cubana conoce que esta red existe –suponiendo, en un acto poco juicioso, que todos los que han navegado por Internet según la ONE hayan pasado por estas redes-.
Por favor, serios guionistas de La neurona intranquila, hasta tanto los de arriba no lleguen a un acuerdo –entre ellos, sin el concurso de nuestros modestos esfuerzos – liberen a nuestros jóvenes del bochorno de tampoco conocer a Jack Dorsey. Esto no los hace más ilustrados y solo contribuye a hacer transparente –como si ya no fuera suficiente- la incoherencia nacional en materia de Internet.
El trampolín
¿Cuántos jóvenes militan en la UJC? Una pregunta noble, con respuesta del tipo “cifras millonarias”, de esas que suman ceros, de las que amaba la prensa cubana hasta que llegó Raúl en cierto discurso y mandó a parar (las cifras millonarias, no a la prensa). Calificó de monótono, repetitivo y poco creíble el contenido de los órganos oficiales del Partido Comunista de Cuba, así como de sus instancias provinciales.
Volví a preguntarme cuántos jóvenes militaban en la UJC, porque los canguros de Australia no tienen por qué entender qué es la UJC y sería interesante ilustrárselos con cifras. Tecleé en vano la dirección http://www.ujc.cu. Al parecer el presupuesto mensual recogido por la organización en concepto de cotización no alcanza para crear una página donde dialogar franca y horizontalmente con sus miembros y no miembros.
Googleé la pregunta. Estaba a punto de insertarla en Quora, en un perfecto spanglish (Guat is de nomber of members of de UJC) cuando reparé en cierta página de Wikipedia. “La UJC es la organización juvenil del Partido Comunista de Cuba”, confirma Wikipedia. Añadía algunos datos utilísimos de su historia y a continuación el listado de sus primeros secretarios.
1962. Joel Iglesias. Según Wikipedia, “no ha tenido cargos políticos desde su cese”. Irrelevante.
1966. Jaime Crombet Hernández – Baquero. “Sin problemas”, según el Detector de Problemas Ideológicos de Saavedra.
1972. (“Año del comienzo de la catástrofe en serie”). Luis Orlando Domínguez Muñiz. Condenado a 20 años de cárcel por corrupción y conspiración en 1987.
1982. Carlos Lage Dávila. Destituido en 2009 por… (ya todos sabemos por qué).
1986. Roberto Robaina González. Destituido por corrupción y conspiración.
1994. Victoria Velázquez. Destituida en 1997 por corrupción.
1997. Otto Rivero Torres. Destituido por corrupción.
Corrupción es la palabra más repetida en todo el listado de primeros secretarios. La Unión de Jóvenes Comunistas convertida en la Unión de Jóvenes Consumistas por obra y gracia de cinco individuos. Cincuenta por ciento de manzanas podridas en la dirección de la vanguardia juvenil de la Revolución cubana, hasta la fecha…
La misma organización que hoy nos llama a suspender las Brigadas Universitarias y Estudiantiles de Trabajo Social y las Fuerzas de Acción Pioneril porque “en las condiciones actuales no resulta viable, ni sería sensato y útil mantener tal como fueron concebidas las movilizaciones de un millón de estudiantes en toda la isla”.
Recuerdo cordialmente mis primeras BUTs. Coincidieron con mis últimas BUTs. Volaba el año 2003 y en una semana pasaría un ciclón por Cuba. Nos enviaron al rastro de Guanabo, donde hacía años no vendían pintura, ni cemento, ni material de la construcción alguno. En aquel monumento a la disponibilidad futura, yacían cinco obreros que nos recibieron cariñosamente. “Aquí hay poco que hacer”, se cuidaron bien de pronunciar la palabra “nada” en un sublime acto de orgullo laboral.
En una semana cruzaría por Cuba un ciclón que dejaría familias enteras sin hogar; pero, seguramente, en las planillas de la por entonces burocrática UJC no estaba previsto este suceso, por tanto, no se podía cambiar la actividad laboral de los jóvenes. Pasamos una semana practicando el difícil arte de jugar a las cartas y no morir del aburrimiento. Liga de las cartas de 4 horas por día y 3 horas los fines de semana. Consolidamos incluso nuestra amistad, lema a hurtadillas de las poco productivas Buts.
Una semana después un ciclón destrozó Brisas del Mar. Quizás para burlarse de nosotros, jugadores de cartas profesionales en tiempos de brigadas estudiantiles de trabajos. No fui más a las Buts. Tampoco jugué de nuevo Continental. Olvidé esta famosa movilización hasta que escuché de su suspensión formal por parte del Buró Nacional de la UJC.
Me pregunté qué hacía el Buró Nacional mientras yo jugaba Continental una semana antes de que un ciclón hiciera trizas la comunidad donde vivía. No encontré respuesta. Busco hoy en Wikipedia cuántos miembros tiene la UJC. Y acabo de encontrar la respuesta a mi cuestionamiento de 2003, por azar, en la descripción adjunta a la corta lista de Secretarios Generales. “Escalando, para luego saltar al vacío”, confirmé.
Él
Siempre tiene tiempo. Nunca dice no. No mira el reloj. No tiene “algo importante que hacer”. No huye, no se esconde, no desaparece. Todavía no descubro cómo hace para estar a cada instante. Habla de matrices y de la arquitectura de La Habana y de los lineamientos de la política económica y social cubanos con la misma seriedad que cuando le pregunto adolescentemente en el chat “¿por qué ya los hombres no regalan florecitas recogidas en los parques”?
A veces se enfada. Creo que en tres ocasiones durante casi cuatro años. La última vez fue hace apenas unos días. Contiene la rabia e intenta convencerme una y otra vez desde la dulzura de un “Elita”. Y luego vuelve a estar siempre, a despertar en las madrugadas para consolarme, a callar ante tanta malcriadez contenida en una sola persona, a compartir conversaciones trascendentalmente existencialistas sobre la literatura y la infelicidad en los países ricos.
Él es de los buenos, de los que comparten la Isla y la piensan a cada segundo. Es inconforme e irreverente desde el sentido común; yo apuesto por el no-sentido. Me agrada compartir Cuba con él, disfruto cada segundo en que maquetamos el país futuro. Amo la nación que dibujamos juntos en nuestras incontinentes charlas. A veces, cuando creo seriamente que apagaré el Morro, me consuela saberlo cerca. “Al menos seremos dos”, pienso.
Twitthab soy yo
No puedo escribir sobre Twitthab. Dice una amiga que quizás no sé contar la felicidad. Tampoco voy a analizar durante mucho tiempo el por qué. Les dejo este grupito de imágenes con canción hermosa. Así sentí Twitthab yo.

