La Polémica Digital

Espacio para debatir sobre Cuba

¿Por quién doblan las campanas?

con 217 comentarios

El problema de repetir como loros una y otra vez el mismo discurso es que termina por parecer chato, vacío, carente de sentido y poco creíble en el mejor de los casos. En el peor, el discurso repetido hasta el cansancio puede resultar oportunista e, incluso, cobarde. Es por eso que, luego de leer la declaración final del Encuentro Nacional de Blogueros celebrado en Matanzas mis dudas se concentran en dilucidar si fue cobardía o nihilismo lo que caracterizó sus doce puntos culminantes.

Hace apenas 72 horas confesaba que hay que estar en un periódico, sufrir un periódico, intentar escribir y ser crítico, sentir el olor de la tinta de la primera edición, para poder comprender sus dinámicas y luego, solo tras haber seguido su trágico rumbo por mucho tiempo, es que se consigue entender los porqués detrás de cada línea publicada.

No se puede pensar la prensa cubana desde la butaca del espectador. Tampoco se puede dialogar sobre la blogosfera desde el cómodo “ADSL/Hotel way of life”. Quizás fue eso lo que le faltó al siempre oportuno Encuentro Nacional de blogueros: vida, autenticidad, espontaneidad y mucha, mucha valentía.

Pero poco o nada debe sorprendernos de una declaración final que bien podría haber sido escrita después de una reunión de la FEU o de la UJC en un politécnico de informática, en tanto adolece casi íntegramente de identidad, de sentido de pertenencia, de comprensión de la magnitud de un fenómeno que lograr modificar el voto de un país en la Organización de Naciones Unidas o expulsar a un director de un preuniversitario en el campo por corrupto.

Y es que, para dialogar sobre la blogosfera nacional – que sí hay blogosfera – hay que sufrirla. Hay que estar dispuestos a apagar las cámaras que transmiten en directo para no sé qué espectadores en Juntin.Tv y polemizar en serio, con los minutos de silencio correspondientes por cada profesional regañado – en el mejor de los casos – o expulsado y sancionado en nombre de la ignorancia 2.0 nacional.

Hay ideologías irreconciliables. Y jugar a la inclusión en un país politizado hasta la médula sería pecar de una ingenuidad crónica. Desconocer los numerosos mecanismos de creación o apoyo a una oposición desde Estados Unidos mediantes las aplicaciones de la web 2.0 implicaría negar una realidad cotidiana y jugar a vivir en una Suiza caribeña que ya nunca podrá existir.

Sin embargo, silenciar posiciones críticas desde la izquierda, comprometidas con el Socialismo y el Proyecto Nación alternativo que se articula desde la Isla es, cuando menos, escandaloso. En esa línea resultan altamente visibles espacios como Observatorio Crítico y Havana Times, o la casi extinta plataforma BloggersCuba.

Curiosamente, ninguno de los miembros de los dos primeros sitios fue invitado al Encuentro Nacional de Blogueros. Los organizadores, valiosísimos jóvenes que desde el inicio estuvieron dispuestos a aceptar las críticas pasadas – y las que faltan por venir- centraron su atención en la diversidad por género, por edad y por residencia cuando lo diferente de la blogosfera nacional radica en la heterogeneidad de Cubas que promueve cada bitácora gracias a las cuales se han articulado diferentes comunidades.

Y en eso radica la clave del éxito de un encuentro que pretenda polemizar sobre la blogosfera nacional. La identificación inteligente de estos subgrupos – que no son cuatro, como asegura Ted Henken en una reducción olímpica de la red nacional – y la representación de cada una de estas partes en un espacio de debate potenciaría la diversidad de criterios, la polémica, el diálogo, el crecimiento… Y es que muy poco quedará de un encuentro de blogueros donde todos piensen básicamente igual aunque pululen las edades, las razas, las provincias.

Quizás por eso la más polémica de las oraciones de la declaración final parezca escrita en neolengua, nueva lengua o lengua anémica de vocablos para expresar el pensamiento valiente. Me refiero a aquello de “respetamos y promovemos el pensamiento crítico, necesario y útil para preservar nuestra condición de revolucionarios, con la premisa de que no es posible ser revolucionario fuera de la Revolución”. Olvidando la cacofónica repetición de la palabra Revolución – que no hay que repetirla tanto cuando se cree en ella honestamente –  no logro comprender qué intenta decir.

Incluso la más valiente de las peticiones, aquella que pide reformular las disposiciones gubernamentales sobre el uso de las TICs en el país, transpira un tono de súplica u oración religiosa que debimos heredar tras la visita papal. Parece que muchos de los presentes parecen haber olvidado que mientras 60 representantes de la blogosfera nacional son recibidos con bombos y platillos en Matanzas, muchos más, estudiantes de universidades como la CUJAE son condenados a 6 meses sin acceso a Internet por osar asomarse a Facebook, Twitter o cualquier variante 2.0.

Hoy, como nunca antes, la blogosfera cubana duele. El espacio plural, diverso, irreverente, altamente participativo, generoso y polémico que se ha creado a cuentagotas ha sido cruelmente caricaturizado. Queda, en su lugar, una blogosfera obediente y disciplinada. Una blogosfera que, por suerte, no existe sino en los anales de cierto encuentro nacional que será prontamente olvidado.

Escrito por Elaine Díaz

abril 29, 2012 a 11:01 pm

Escrito en Comentario

La humildad, el agradecimiento…

con 21 comentarios

A veces llega a mi buzón un correo insistente preguntado por qué no escribo. “El régimen de Castro” carga siempre con las culpas. Esa “dictadura” que supuestamente me “amordaza” e impide que pueda decir cuanto quiero suele ser, para otros, la excusa perfecta a mis silencios temporales.

Es entonces cuando vuelvo a la blogosfera y recuerdo, no sin cierta nostalgia, aquellos despreocupados días de Tarará donde el ancho de banda y el plan de trabajo eran ciertamente condescendientes. Entonces salgo a la calle y la demora en la reforma migratoria, la excesiva burocracia cubana o la presencia eterna de los grupos electrógenos en Campo Florido me enfadan lo suficiente como para dedicarle una ráfaga de líneas en mi blog.

Ocasionalmente busco pedazos de red cubana para mis notas en Global Voices. Y es entonces cuando encuentro pequeñas oraciones subordinadas que consiguen transformar el enfado en infinita tristeza y no queda otra opción que escribir para poder olvidar.

El desconcierto esta vez lo provoca una frase breve: “En la Facultad algunos, incluso profesores, los miran de reojo”, supone el autor en su post dedicado a dos excelentes estudiantes. “Ven en ellos competencia y no entienden por qué gozan el privilegio de ser publicados. No entienden que ellos publican porque trabajan, pinchan, insisten y esa es la única clave de su éxito”, concluye.

Confieso que no he podido enfadarme. Apenas he sentido un poco de pena y una tristeza que no se anima a pasar. Ven en ellos competencia. Competencia. Profesores que miran de reojo. Competencia. Trabajar, pinchar, insistir. Un aluvión de palabras intenta salir y apenas tengo frases para articular un discurso que seguramente terminará siendo cursi.

Recuerdo a Rita, Magalys, Enriqueta, Enriqueta de nuevo, Doris y Norma y Norma de nuevo. Mis maestras de preescolar a sexto grado. Y luego aquellos que estuvieron en la secundaria y en la Lenin y mis primeras clases en la universidad y los primeros oportunos golpetazos al ego en Redacción y el 4 más doloroso de todos, el de Iraida Calzadilla.

Y precisamente de Iraida vuelvo a recordar el día que me escribió con letra firme el teléfono de su casa en mi libreta “porque tú eres de Campo Florido, mi niña, y no sé cómo te las arreglas para llegar hasta acá, pero toma, toma el teléfono y llama a la hora que quieras”. E imagino a Iraida mirándome de reojo o ardiendo en celos por mis primeras notas y reportajes publicados en Juventud Rebelde a cuatro meses de sus primeras clases y ya no puedo dejar de asquearme.

Pienso entonces en mis primeras clases, en la primera vez que estuve frente a un aula, tan muerta de miedo, tan insegura, tan deseosa de contarle a aquellos sentados en sus pupitres por la ley del 20 por ciento de ausencias o por genuino interés lo poco que sé. Y luego los recuerdo graduándose y nosotros, los ahora profesores, tan pobres, tan sin nada material que entregarles para que nunca olviden la casona de G buscando CDs de Silvio Rodríguez o tejiendo durante toda la madrugada marcadores de colores.

Y seguimos tejiendo. Han desaparecido ya las agujas y los hilos de colores; pero cada clase, cada consulta, cada sugerencia y cada regaño se transforma en un acto de paciencia, de formación, de crecimiento. Y aquellos que algún día tuvieron la pluma temblorosa o se aferraban a la máquina de escribir, hoy incursionan en las redes (o viceversa). Pero muy pocos podrán ver la evolución, sentir el paso a paso, el largo camino del cambio, de la conversión. Algunos volverán a la casona de G con la alegría del éxito alcanzado y la modestia suficiente para acariciar las manos de sus queridos profes. Otros no regresarán nunca. Y un grupo, casi siempre pequeño, renegará de quienes dieron lo mejor de sí durante cinco años e incluso creerán, ay de ellos, que llegaron al mundo con un don divino.

En este largo e incesante ir y venir quedarán de testigos esos profesores para los que resulta impensable mirar a sus alumnos en términos de “competencia” o “celos” porque cada logro de estos últimos se convertirá en motivo de regocijo y orgullo para los primeros, porque cada artículo firmado, cada reportaje, cada aparición en cámara o en la radio, cada libro publicado será el de “su alumno”, el muchacho inquieto o tranquilo, preocupado o ausentista, amable o cruel, que tuvo en su aula un día.

Y el desafortunado día que cometan un error, el día en que piensen que han fallado o que no podrán levantarse nuevamente, podrán confiar en que cada uno de sus profesores estará pensando en ellos, creyendo en ellos, orando por ellos. Podrán vivir seguros de que una vez que has estado sentado en su aula, sufrirán o celebrarán con cada uno sus derrotas o victorias como propias.

A veces vuelve a interrumpir mi buzón el mismo correo insistente cuestionándome hasta cuándo voy a permanecer en silencio. “La Polémica… te necesita”. Intento responder, pero sería tan largo que cansa explicar. “No tiene nada que ver con el régimen de Castro”, apunto mentalmente, “solo he estado intentando preparar buenas clases”. Cuesta creer que en eso han pasado casi cinco años.

Escrito por Elaine Díaz

abril 26, 2012 a 1:25 pm

Escrito en Crónicas

¡Ay de tanto, ay de tan poco, ay de ellos!

con 44 comentarios

Hubo varios minutos en que pensé que no llegaría al final. Las piernas me dolían y ya no quería caminar más. A una hora de distancia estaba el grupo más avanzado y, según calculaba por la ausencia de voces, a varios kilómetros estaban los últimos. Me tumbé en una piedra a descansar. Intenté perder el miedo al frío y, por primera vez en 22 kilómetros, conseguí pensar.

Hacía casi cinco años había jurado, justo en la base de la odiada montaña, que nunca más volvería a subir el Turquino. El  esfuerzo físico extremo que entrañaba me parecía ridículo, incluso con la recompensa del encuentro con Martí en la cima. Grité una y otra vez que jamás repetiría la experiencia. “Y escuchen bien que digo jamás, es más, si vuelvo a subirlo, que se me parta un pie”, enfaticé entonces. Allí, cinco años después, con los pies llenos de llagas y fango, tuve un miedo infantil por el destino de mis pies.

Una semana antes había sido imposible decirle que no a quien llamaba desde el otro lado de la línea. “Nos vamos en lo que sea, en tren, en guagua, a pie; pero llegamos al Turquino y ponemos la bandera”. Aquel derroche de irreverencia y pasión me contagió y, no sé cómo, terminé formando parte de aquella expedición.

Nunca debimos subir. La lluvia amenazaba con convertir los caminos en un infierno y los guías lo advirtieron. Pero no habíamos llegado hasta Santo Domingo para quedarnos a mirar cómo la orgullosa montaña nos desafiaba. Caminé mucho, caminé tanto que cuando por fin pude sentarme ya las piernas no me respondieron más. Guardé silencio, pero esa primera noche lloré. Tenía que auxiliarme de mis brazos cada vez que quería mover una de mis piernas en Aguada de Joaquín.

Por eso no pude levantarme cuando Ramón llamó a Aylí. Pero alcancé a verla regresar, desafiando la falta de cobertura, con el celular en sus manos, y ya todos gritamos de la emoción. “Dice mi papá que sube con nosotros cuando regrese”. No sé qué creyeron los demás. Volví a recordar mi juramento de no escalar la dichosa cumbre y volvió a aparecer otro pretexto para romper la promesa. Sí, no había duda de que subiría con Ramón. Pero no sabía si Ramón regresaría…

Confieso que ya he perdido la esperanza de hacer el viaje. Pero la reciente aprobación de un permiso a René para que visite a su hermano Roberto por parte de la Jueza Lenard, radicada en Miami, me obliga a creer nuevamente. No sé si habrá recibimiento oficial o algún desfile multitudinario. Preferiría que su llegada fuera la de un hombre anónimo que visita a su querido hermano. Sé que muchos estarán agradeciendo este encuentro desde el silencio.

Quizás por ese derecho que tenemos todos a ser tratados como seres humanos por encima de diferencias políticas es que me gustaría que el gobierno cubano permitiera igualmente la visita del contratista estadounidense Alan Gross a su moribunda madre.

Irónicamente, pareciéramos estar a las puertas de una oportunidad única, histórica, casi irrepetible. Una oportunidad que pasará desapercibida ante los ojos de quienes intenten convertir este momento íntimo, donde no hay más ganadores que dos familias, en espacio para la querrella política, para lo ironía, para el cinismo.

Pobre de quienes se encuentren contabilizando si ahora son 5 o 4; o comparando la gravedad de las acciones de Gross con las de González. Perderán, quizás para siempre, la oportunidad de ver como dos gobiernos ponen pausa a su extenuante guerra política para reverenciar los derechos de dos ciudadanos.

Escrito por Elaine Díaz

marzo 20, 2012 a 6:37 pm

Escrito en Sin categoría

También hay un tiempo para llorar

con 5 comentarios

No pude llorar aquel día. De hecho, cuando leí el mensaje en la pantalla de mi teléfono celular no podía creer que se tratara de él. Julio no debía morir. Julio era eterno, estaba condenado a saludarnos siempre y a tomarnos fotos en aquella Facultad de Comunicación por los siglos de los siglos. Sin un amén religioso.

Ni siquiera pude llorar al día siguiente, mientras hacía la guardia de honor en los cinco minutos más importantes de mi vida. Tampoco miré su ataúd. Caprichosamente, me aferraba a la idea de que Julio no había muerto.

No derramé una lágrima tras el poco emotivo discurso de despedida en un cementerio colmado de cientos de estudiantes cuyas miradas cómplices invitaban a dejar salir el dolor. Cuando terminó el entierro, huí lo más pronto que pude de aquel lugar sintiendo que era apenas una puesta en escena. Leer el resto de esta entrada »

Escrito por Elaine Díaz

marzo 20, 2012 a 12:02 am

Un guiño para Aurelio

con 43 comentarios

Un amigo me explicó, hace algunos años, “la lógica de los espacios cerrados”. No dejaba de asombrarme participar en debates públicos donde el pensamiento transgredía lo establecido como “políticamente correcto”. De la primera edición del encuentro “Vivir la Revolución”, allá en el centro Juan Marinello, otro amigo salió creyendo que “ahora sí iba a cambiar el país”. Poco tiempo después fue sancionado en su centro de trabajo un año por cierta crítica a su institución. Nada que pusiese en riesgo la seguridad del centro, tan solo la nadería de criticar “constructivamente” algún que otro trámite burocrático como la impresión de los exámenes y la gestión de tarjetas magnéticas para ejercer el soberano derecho al almuerzo.

Un poco decepcionada le conté a mi amigo – el de la primera oración – sobre la aparente tendencia a la inacción de la sociedad cubana. En aquella época pre-lineamientos y pre-conferencias del Partido el tiempo parecía no correr. Los cambios prometidos apenas se dibujaban en un futuro a largo plazo. O, al menos, los benevolentes cambios; no aquellos que incluían la eliminación de subsidios y el eufemístico proceso de disponibilidad laboral; sino esos otros que aún no llegan como la eliminación de la carta blanca y la extensión del acceso a Internet. Leer el resto de esta entrada »

Escrito por Elaine Díaz

marzo 13, 2012 a 3:40 pm

Escrito en Crónicas

Las cartas debajo de la mesa

con 63 comentarios

Los mecanismos de selección de las cartas que se publican en la sección dedicada a la ciudadanía en Granma ameritarían una profunda investigación. Asuntos concernientes a un solo individuo reciben toda la atención mientras se silencian otras cartas que denuncian, a partir de un solo hecho, la violación a la Constitución, las leyes ambientales y de salud en detrimento de más de 600 personas. Aunque una sola carta, por muy grave que sea, puede haberse perdido en el congestionado buzón de Granma, resulta sospechoso el silenciamiento a las polémicas respuestas de un grupo de doctores sobre los cuestionamientos a la atención médica hechos en varias misivas oportunamente publicadas por el diario.

El viernes 4 de noviembre de 2011 apareció la carta “Paciencia de los pacientes”, donde E. L. Hernández denunciaba los problemas en la atención médica a su esposa porque “cuando acudió al salón la atendieron correctamente, pero mientras ejecutaban la operación tuvo la oportunidad de enterarse del promedio académico de los hijos de los médicos, enfermeras y auxiliares presentes en el salón”. No obstante, reconocía en todos los casos similares que narró que “la operación fue un éxito y se pudo librar de una molestia que padeció por años”. Leer el resto de esta entrada »

Escrito por Elaine Díaz

enero 30, 2012 a 10:10 am

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Cuello negro

con 47 comentarios

No he visto “Cuello Blanco”. No he pasado por algún lugar donde me pidan guardar mi celular o hacer voto de silencio. No he cruzado ninguna puerta donde adviertan “de esto no se puede bloguear”. Aprovecho entonces el corto tiempo que falta hasta que lo difundan entre los militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) para compartir algunas impresiones sobre el último producto comunicativo en materia de corrupción difundido en la isla.

Si la filmografía cubana comienza a ocuparse de documentar los actos de corrupción tendrán suficientes plazas libres como para dar empleo a aquellos ciudadanos que, recientemente, quedaron “disponibles”. Y es que el relajo económico y financiero en Cuba es tan grande y se encuentra tan arraigado en la sociedad que no hay cómo dejar de cuestionarse ¿quién le pone el cascabel al gato? Leer el resto de esta entrada »

Escrito por Elaine Díaz

enero 26, 2012 a 10:08 pm

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Algo se perdió en el camino

con 287 comentarios

Cuando los ciudadanos comienzan a confiar más en un blog de difícil acceso que en los medios de su país, algo está perdido. Seguí durante mucho tiempo esta historia y hoy la cito textualmente después de contrastar cada dato. Los nombres de las personas involucradas fueron expresamente eliminados. El texto, inicialmente titulado “Las siete operaciones de mi abuelo”, resume seis cuartillas de intensa agonía.

Que suene el teléfono a las 11 de la noche es una herejía. “Llámame, tengo que contarte algo”. La voz del otro lado sonaba cansada, exhausta, triste, enojada… Escuché su historia durante semanas, compartí su agonía y después de recordar una y mil veces que el silencio nos hace cómplices le prometí que lo publicaría. “Aparecer en Internet no cambiará nada, ¿sabes?”. “No importa”, susurró, “yo sé que ellos te leen”. Señaló hacia un espacio infinito por encima de mi cabeza que nunca pude descifrar. Leer el resto de esta entrada »

Escrito por Elaine Díaz

diciembre 13, 2011 a 1:32 pm

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